La experiencia le lleva a uno a presentir con tan solo un par de minutos que el álbum que ha empezado a escuchar es importante. Fiarse sin embargo de esta ley no escrita, por mucho que funcione en la mayoría de casos, puede en su enunciado inverso producir fallos gravísimos. Sea por la razón que sea -ni acierto a recordar qué dos minutos de “July” (Sacred Bones/ Bella Union 2014) de Marissa Nadler escuché en febrero-, se me escapó en su día, y ya fue durante el verano cuando su extraordinario magnetismo me fue atrapando -como su música- pausadamente. No tengo reparo alguno en calificarlo de fallo imperdonable, ya que son -para mayor escarnio- las tres primeras canciones las que te tumban en la lona. Con guantes de seda.

Las voces dobladas de “Drive” sobre un arpegio solemne crecen con los detalles -los coros litúrgicos, la utilidad de la slide, etc- hasta activar el mecanismo que produce el escalofrío en la espina dorsal. Le sigue la hermosa quietud de “1923”, dotada de esa inexplicable mística femenina que jamás los genes de un varón podrán siquiera igualar. Sonidos paradisíacos en cinemascope, delicados y a la vez contraponiendo un punto inquietante. Con los ojos cerrados y la luz apagada te adentras en “Firecrackers” hasta sentirla mecido en su ingravidez. Todo está allí, los fantasmas -los tuyos, los suyos- y la paz, como las plegarias de Leonard Cohen. De hecho, si Jennifer Warnes hubiese despuntado en esta generación, sus versiones del canadiense sonarían así.

Tras este arranque insuperable, el álbum se adentra en recovecos de folk menos frondosos aunque igualmente detallistas y subyugantes. Sin llegar a la aridez de una Angel Olsen -los patrones elegidos por Marissa delatan su mayor experiencia- pero también sin un instrumento o una nota de más. La segunda mitad recurre en tres o cuatro ocasiones a solo voz, guitarra acústica y tramos precisos de teclados o cuerdas, deslizándose por una pendiente de intimismo flagelante -el texto de “Holiday In”– que asesta la puñalada definitiva al final con “Nothing In My Heart”. Sencillo y bello en la parte musical. Maybe it´s the weather, but I got nothing in my heart. Tragas saliva. Y de pronto caes que te importa una mierda la metereología; porque matarías por llenar tú el vacío de su corazón.

Ya estamos en otoño.