Siempre se ha dicho que lo que cuesta asimilar, cuando se consigue, se saborea con mayor placer aún. “The Moon Rang Like A Bell” (OWSLA/!K7 Recordings 2014) de Hundred Waters es de esa clase de propuestas.

Al principio parece otro disco más en clave femenina pseudocelestial –en el sentido Purity Ring, o quizás en el de Puro Instinct, que ya me confundo: la pureza me sobrepasacuya baza electrónica le dota de una prestancia que se confunde con sustancia. Plasticidad máxima, pero sin dejarnos una tonada para siempre. Después sin embargo de porfiar unas cuantas veces, ya resignado al gorgorito Björk flotando sobre la capa de teclados, empieza a invadir una sensación de bienestar singular. Como si lo líquido y lo etéreo se fundiesen en una atmósfera amniótica. El repiqueteo electrónico con aromas del pasado -casi drum `n´ bass– se torna sutil en “Cavity” tras haber confirmado que existe belleza en lo repetitivo –“Murmurs”– y que se puede disfrutar de percepciones intangibles en los entresijos de casi todas las piezas. Fundirse en el ambiente onírico de “Down From The Rafters” o dejarse llevar por un arrebato -en “Seven White Horses”– que mezcla lo frontal con lo subliminal. Estamos casi en territorio de Julia Holter sin apenas darnos cuenta, respirando el mismo halo mágico de casa de muñecas en un universo paradisíaco, donde es de buena educación agradecer con una plegaria -la del cierre con “No Sound”– la capacidad de disfrutar -tanto haciendo como escuchando- música.