Uno de los mejores antídotos para abstraerme del bochorno estival ha sido el descubrimiento de la música de este hombre llamado Kerry Leimer. Llegó a mis oídos gracias a las sabias recomendaciones de un buen amigo, y posteriormente su figura ha sido reivindicada en numerosos blogs de electrónica justo cuando hace unos meses el sello RVNG Intl. escarbaba en el archivo del canadiense para sacar a la luz “A Period of Review (Original Recordings: 1975-1983)”. Un periodo de ocho años que vieron nacer obras icónicas del calibre de “Another Green World” de Brian Eno, o el “Zuckerzeit” de Cluster para acabar en el “Blue Monday” de New Order.

Armado de cacharrería analógica – diversas variantes de sintes moog, más grabadoras de cintas magnéticas entre otro arsenal- nuestro hombre monta su laboratorio de pruebas en Seattle, donde a finales de los 80 establece la sede de su propio sello discográfico hasta la actualidad: Palace Of Light.

En esta treintena de temas rescatados- algunos de ellos son meros apuntes de poco menos de un minuto- nos encontramos ante un caudal de música rica en matices, sutil, serpenteante, evocadora. En “My Timid Desires” -esa percusión de aires orientales- me hace recordar al primer Ryuichi Sakamoto, tanto en solitario como en la Yellow Magic Orchestra; más imprevisible se muestra en “Entre’acte”, con bajos musculosos y entrecortados que envuelven ambientes de misterio astral y fondos abisales.

Es indudable que escuchando este disco asaltan a tu mente tanto Brian Eno como Daniel Lopatin. El primero por ser la madre del cordero de todo el movimiento de la ambient music, y el segundo por ser el más importante salvaguarda de ésta en la actualidad bajo su alias Oneohtrix Point Never. En gemas como “From A Common Center” se atisban los envolventes sonidos del autor de “Before and After Science”:corrientes circulares de sintes analógicos en loops de emotiva belleza; en otras piezas -“Eno’s Aviary”– el homenaje es a ritmo kraut cual fondo sonoro de videojuego de marcianitos. Lopatin, por su parte, bendeciría y haría suya sin dudar la preciosa “Malaise”: una epopeya de espacios abiertos y de quimeras perdidas, anclada en el aislacionismo más autista. Pone el colofón “Porcelain” -con la voz de Nancy Estle– en una repetitiva pastoral new age que recoge la melodía del tema inicial “Ceylon”. Cerrado el círculo.