Cinco años ha tardado La Roux en dar continuidad a “La Roux” (2009), aquel tratado de pop dirigido a los clubs británicos. Muchas dudas durante este lustro, zanjadas con la marcha de Ben Langmaid, hasta que finalmente “Trouble In Paradise” (Polydor 2014) ve la luz, apenas unas semanas antes de que salga otro álbum con el mismo título a cargo de Isabel Rose (sin contar con el de Randy Newman de 1983). Casualidades.

Vayamos por partes. El título del disco hace juego con la portada y el diseño gráfico -trazos de “The English Riviera” de Metronomy-, los cuales nos insinúan un par de cosas. La primera, la imagen de Elly Jackson, con la clase y la elegancia de las personas que suelen vestirse adecuadamente para viajar en business class. También se ha de hacer hincapié en las imágenes restantes -jet privado, playa tropical con arquitectura contemporánea- a juego con cortes de melodía oh-so-happy intrascendente como “Kiss And Not Tell”, “Sexotheque” y “Tropical Chancer” -esta última con sample de “My Jamaican Guy” de Grace Jones-, a las que hay que sumar variantes del gancho de “Paradise Is You”. El look andrógino de Jackson tiene además claves donde investigar, como “Sexotheque” o una de las cimas del álbum y del año, la inconmensurable “Cruel Sexuality”.

Lo que sin embargo hace a “Trouble In Paradise” definitivamente más recomendable que su antecesor es la accesibilidad. Es solo un pequeño pasito de gigante -tal vez culpa de la aparición entre ambos de “Get Lucky”, o la presencia en la sombra de gatos viejos como Alan Moulder– que nos hace poner en órbita nada más arrancar con el ritmo très chic de “Uptight Downtown”. El caso es que escucharla en 2009 era estar en la onda alternativa, mientras que hacerlo en 2014 es estar con la plebe mayoritaria. Sin sorpresas pero con acabados tremendos, sin triquiñuelas tecnológicas vocales ni abuso de electrónica pero, ausente Langmaid, con una economía que manda de una patada bien lejos al autotune porque sabe que dispone de estribillos perfectos capaces de resucitar a un cadáver. Escuchemos “Silent Partner” y no nos entretengamos en debatir si le debe más a “Black Is Black” o a Michael Jackson. Sencillamente, bailemos. Y es que, desde la primera nota del álbum, somos conscientes de que ESO LO VAMOS A BAILAR.