Un 22 de enero de este año, y gracias a una entrevista para otro medio, conocí a Pedro Burruezo. Al catalán hacía muchos años que le seguía -época Claustrofobia, y posterior carrera en solitario-, pero necesitaba contextualizar a un personaje que siempre para mí había sido esquivo. De transgresor a ritmo de tecnopop o flamenco, a seguidor espiritual del sufismo, pasando por el ecologismo: Pedro es un personaje sin parangón.

Fue una entrevista sin guión previsto ya que las preguntas y respuesta se fueron sucediendo de forma espontánea.

El hilo conductor era la curiosidad de un fan frente a un (anti)mito. De aquella conversación – que tuvo lugar en el pintoresco Cafè del Liceu, justo enfrente del orfeón catalán- saqué una conclusión: a Burruezo si no existiera habría que inventarlo. El perfecto outsider que va a su rollo y que luce orgulloso la gloria de sus fracasos.

Después de que todo quedara registrado en mi grabadora, nos dispusimos los dos a coger el metro. Ramblas para arriba, Pedro me comentó que tenía una música que había compuesto para la película de Albert Serra – fan confeso de su trayectoria – “Història de la Meva Mort”, y que al final no había sido utiliza por el director. De forma natural, como si nos conociéramos de toda la vida, me espetó: “Luis, te la dejo en tus manos; piensa a ver cómo le podemos dar salida…”

Como entenderán, tenía una bonita patata caliente así que me puse a hacer un barrido mental de las personas y/o canales idóneos para tal fin. Lo tuve claro: Lidia Damunt es la persona. Así que le escribí un mail relatando todo lo sucedido, y ofreciéndole la oportunidad de poder editar la música de esta banda sonora maldita. Después de ponerlos en contacto a los dos, el tema llegó a buen puerto: ¡Tormina Records – sello de la murciana- editaría las fantásticas composiciones de Pedro Burruezo!. Así pues, a “La Banda Sonora Maldita” (Tormina, 2014) le tengo un cariño especial. Fui la Celestina de un romance que espero dure años. Toda esta puesta en escena relatada hasta el momento la transcribo por petición del músico, porque lo realmente importante es el contenido: una obra de belleza otoñal y de emociones puras. Un disco que uno no sabe si es pop de cámara, folk de inspiración medieval, o música de relajación. ¡Qué más da! …intenten buscar un disco de Burruezo en las tiendas, lo pasarán mal: ni saben en qué cubeta ponerlo y qué etiqueta asignarle.

Este es un disco magnífico, totalmente ajeno a cualquier cánon estético y musical. Acompañado por el diseño gráfico, siempre espléndido, de Rafafans -portada en escala de grises de un Casanova cubista imaginario – en él hay cabida a un heterogéneo crisol de sonidos que van escribiendo la hoja de ruta de un Pedro Burruezo que está de vuelta de todo, o de casi. Temas hermosos a rabiar como “La Provence” -música de cámara y popular en imprevisibles giros melódicos-, o esa faraónica “Questa Piccola Strada” con toda la Claustrofóbica Camerata rindiendo a todo gas.