Hace cuatro años Jamie T representaba al autor de barrio de Londres que componía versos amparado en la utilización subliminal de electrónica humilde. Si Mike Skinner era la versión rap de la urbe, Treays probaba con un mestizaje de visión musical más amplia y menos militante. La procesión sin embargo iba por dentro.

Tras este silencio prolongado reaparece con un tercer álbum “Carry On The Grudge” (Virgin 2014) mucho más heterogéneo. Sin haber abandonado del todo las claves de su ambivalencia –“They Told Me It Rained”-, ahora se ve capaz de enfrentarse a cualquier reto. Si procedes de Wimbledon no resulta anormal absorber desde la lejanía un poco de ska y reggae“Rabbit Hole”, “Don´t You Find”-, ni mucho menos disparar dardos en un pub al ritmo de “Zombie”. Pero ya no lo es tanto meterse en jardines de cantautor norteamericano -como “Love Is Only A Heartbeat Away” o en tramos de “Mary Lee”– y salir airoso del lance. Quizás porque su secreto sobrepasa la paleta musical y se consolida en la amalgama forjada junto a sus textos repletos de desazón. A veces -por ejemplo en “Turn On The Light”– es como los Radiohead de “Kid A” sin la grandeur tecnológica: música de un escritor con cicatrices invisibles que ha encontrado en la calle un filón para dibujar viñetas ribeteadas con la experiencia personal. Más elaborado y elegante que Sleaford Mods. Aunque abuse de la palabra fucking.