El mayor mérito de una canción es provocarte emociones que no puedes explicar con palabras. Las que te dejan absolutamente anonadado intentando gestionar con serenidad los múltiples mensajes posibles. Las que te producen tantos escalofríos seguidos como para merecer el calificativo de obra maestra. Las que juegan con el enunciado sin desvelar su significado. Las que pueden considerarse la más bella historia de amor jamás contada y a lo mejor te están diciendo subliminalmente otra cosa. Las que te permiten a través de sus silencios convertirte en partícipe de su guión. “Save What You Can” de The Triffids es una de las canciones más importantes de mi vida, por algún o algunos motivos -extraños o no- que quisiera analizar en público. Con una entrada instrumental humilde aunque mayestática, con slide y orquesta como aviso de la magnitud de los nutrientes.

 

Well it doesn’t look much like we’ll see the new year
Cos all the bright young faces are here
And I can’t see us rising to their occasion any more
No, not their Christmas cheer

 

El pesimismo inicial, intuyendo la intencionalidad del autor, parece anunciar el final de una relación.

 

Time is against us, even love conspires to disgrace us
And with things being what they are …
Yes and things being what they are

 

Si el tiempo está en nuestra contra, si el amor conspira también contra nosotros, y tal como están las cosas…¿estamos seguros que el meollo del tema es el amor?

 

Oh my friend, we used to walk in the flames
Now somebody’s taken my arms
The shadows are taller. you’re missing your halo
With your face in the half-light you Iook like a stranger

You made me catch my breath just then
You made me catch my breath
Is that you:… is that still you?

 

David moldea cada sílaba con la entonación adecuada en una interpretación prodigiosa.¿Y si alguien coge mi mano, las sombras se alargan y tú pierdes visión? ¿Eres tú? ¿Sigues siendo tú? El estribillo acude monumental a nuestro rescate para distraernos de los malos pensamientos durante unos instantes.

 

If you cannot run, then crawl
If you can leave, then leave it all
If you don’t get caught, then steal it all
If you don’t get caught. then steal it all
Steal it all

 

Si no puedes correr, arrástrate; si puedes marchar, déjalo todo, si no te cogen, róbalo todo: la urgencia de una primera sentencia, el juego de significados del término leave en la segunda, y la desesperada llamada a la transgresión en un clima sonoro entre fílmico y bíblico.

 

The final time we touch
I watch as you enter the church
You turn and you wave, then you kneel and you pray
And you save of yourself what you can save

 

Nos tocamos por última vez, te observo al entrar en la iglesia, te postras, rezas y salvas de ti lo que puedas salvar. David McComb recurre al estribillo para, después de robarlo todo, aconsejar:

 

And between ourselves, and the end at hand,
Save what you can

 

Le he dado cientos de vueltas a este texto, al detalle de cada frase, como pinceladas -ahí está el vídeo- aclaratorias cada una de la anterior. Sigo perdido en el romanticismo desbocado de la melodía y de la actitud vocal de poeta convencido del australiano . Podría ser tanto una viñeta inspirada en la escena final de “El Graduado” como -lo más probable, y esto lo deduje años más tarde tras el fallecimiento de David en 1999 al percibirla como premonitoria- un homenaje al final de la vida.

Por eso, cuando uno dice con el corazón que una canción es eterna, o más grande que la vida, no está mintiendo. Y, paradójicamente, la muestra de su grandeza es que su escucha produce -en vez de fatiga- adicción, disfrutando de cada detalle del sonido cortesía de Gil Norton (su cima como productor, digan lo que digan los fans de Pixies). Ese rechinar metálico por entre la dulzura de la guitarra acústica, la opulencia de las cuerdas, el tono señorial de una voz consciente del momento épico que atraviesa: cuando termina el tema, termina asimismo “Calenture”, y de algún modo -por muchos méritos que después se acumulen en “The Black Swan” con otro epílogo para la posteridad en “Fairytale Love”-, presiento que la carrera de The Triffids, tal como la entendemos sus seguidores, tiene un punto final perfecto allí. Y transcurran, quince, treinta o sesenta años, a cada minuto se hace más evidente que el relativo anonimato de esta banda en su apogeo -aún más visible en la actualidad si se contrasta con el rescate de The Go-Betweens– resultó nefasto para quienes aspiramos a vivir en un mundo, tanto humana como musicalmente, mejor. Aún así estamos a tiempo de salvar lo que podamos. Felices fiestas.