Érase una vez una canción de Tim Hardin titulada “Reason To Believe” que Rod Stewart popularizó en 1971 en el álbum “Every Picture Tells A Story”. De hecho era la cara A de un single cuyo reverso, “Maggie May”, acabó comiéndosela. No tiene mucha relación todo esto con lo que viene a continuación, pero escuchando “Something To Believe In” y asociando los factores escoceses de Stewart y King Creosote, me he abstraído en el paralelismo fonético.

Escocia 2014. La que reivindica su singularidad y es escuchada por una metrópolis hábil negociando (los ingleses han sabido gestionar independencias creando la Commonwealth para mantener su trato comercial de favor, mientras España, con la sempiterna actitud intransigente de los que aún tienen que asimilar la revolución industrial, a día de hoy es un cero a la izquierda en todas sus ex-colonias, y ni siquiera los autoproclamados intelectuales de la Complutense son capaces de asumir en su programa que los futuros de las autonomías han de depender exclusivamente de la voluntad de los residentes en ellas). La Escocia que es escuchada, y de algún modo recompensada, acaba votando la permanencia.

Para los juegos de la Commonwealth celebrados en Glasgow se encarga  Virginia Heath de elaborar un documental –“From Scotland With Love”– procurando resumir a través de imágenes acompañadas de música la esencia de una nación, y piensa en Kenny Anderson, más conocido por el alias de King Creosote, como el autor apropiado para la banda sonora. No se equivoca. Anderson -ya lo vimos en “Diamond Mine” junto a Jon Hopkins– posee esta rara capacidad de emocionar con solo abrir la boca -como su compatriota Malcolm Middleton-; un experto en el manejo de instrumentos para conseguir proyectar costumbrismo más allá de las imágenes que acompaña. A través de viñetas de una pluralidad social, todas distintas y a la vez conectadas, trata la idiosincrasia de su país con un cariño que ninguno de los cantautores ibéricos a mano puede hacer sombra, sencillamente porque nada tiene que ver el nacionalismo de unas gentes que consiguieron repeler juntas el nazismo con el de otras que aún necesitan cicatrizar heridas abiertas durante una guerra civil. “From Scotland With Love” (Domino 2014) es una colección de postales repletas de amor -por mucha apariencia hedonista que desprendan “Largs” y “Bluebell, Cockleshell,1 2 3”, esta última arrancando al más puro estilo “The Clapping Song”, flota una carga romántica en “Something To Believe In”, “Cargill”, “Miserable Strangers”, “Leaf Piece”, “One Floor Down” y “Pauper´s Dough” muy descriptiva del carácter escocés- y a la vez subliminalmente políticas. Exhibiendo su arsenal a través del arte. El arte como arma letal. El que hace que escuchemos una música y sepamos inmediatamente que es escocesa. Feliz año nuevo.