Golpe de timón en el segundo álbum de Ben Howard, cuyo debut presagiaba una orientación a los terrenos de cantautor acústico de multinacional: ejemplos no faltan, empezando por James Blunt.

En “I Forget Where We Were” (Island 2014) el británico se atreve a asumir ciertos riesgos, dejando a un lado la parte más cursi de sus acústicas en favor de un mayor juego de eléctricas. El cambio es más técnico que ambiental, paradójicamente jugando en favor de una mayor introspección al estirar las canciones a un minutaje que permite crear el ambiente que desea su autor. En “I Forget Where We Were” las guitarras se contraponen a la fragilidad vocal. El discurrir fluvial de “Time Is Dancing” recuerda a unos The Blue Nile con más beats por minuto. Y esas percusiones dramáticas al activar el epílogo con “All Is Now Harmed” podrían, antes de poner rumbo al precipicio, haberse fraguado sobre ensayos de algún tema de Talk Talk.

La clave para clasificar la genética de este disco sin embargo está en su pieza más larga, “End Of An Affair”, casi ocho minutos divididos en dos partes: la primera, de progresión acústica al ralentí, y la segunda, que corta con el intimismo frágil para ir ascendiendo a una fase con explosión controlada a la que sigue la deflagración final. Siempre teniendo en cuenta que la terminología utilizada no es literal, ya que no hablamos de post rock sino de una colección de piezas de cantautor.