Metamodern Sounds In Country Music” (Sturgill Simpson). El mejor álbum de country del 2014 se postula como tal desde la primera sílaba de “Turtles All The Way Down”, tan tópica como certera en estos artefactos: I saw Jesus play with flames in a lake of fire I was standing in/ met the devil in Seattle and spent nine months in the lions den. A la altura de la tercera pieza ya llora la slide, después repasa todas las variantes, rápidas o lentas –honky tonk, baladas, arrebatos de Johnny Cash– e incluso propone una versión impensable de “The Promise” de los británicos When In Rome dejándola desnuda sin su bajo electrónico característico. Acaba el disco oficialmente con el desbarre tecnológico de “It Ain´t All Flowers”, aunque Sturgill se guarda la carta del tema escondido, una delicia acústica llamada “Pan Bowl”, para dejar ese sabor de boca nostálgico capaz de marcar el veredicto final del álbum.

 

English Oceans” (Drive-By Truckers). Siguen Patterson Hood y Mike Cooley conduciendo esta banda pese a sus excursiones privadas, con incremento de participación del segundo. Cuarto álbum sin Jason Isbell -cuyo trabajo del año pasado “Southerneastern” es muy recomendable- y nueva muestra de la amplitud de registros. Rock intenso como siempre -recalco la poca atención que se les ha prestado en España-, no tan sureños como nos los quieren vender, tienen su propio estilo donde tanto pueden caber influencias de los Rolling Stones de “Exile On Main Street” (“Shit Shots Count”) como del Neil Young que escuece (“When He´s Gone”). A mí me pueden canciones más suaves como “Primer Coat”, “When Walter Went Crazy”, “First Air Of Autumn” y “Grand Canyon”, donde por entre la corteza ruda -como R.E.M– dejan entrever su lado vulnerable. Estas tres últimas, juntas, configuran un epílogo perfecto.

 

Good-bye Lizelle” (Mark Olson). Se reformaron The Jayhawks temporalmente mientras Olson conocía a Ingunn Ringvold, su nueva pareja noruega con la cual ha recorrido medio mundo. Durante los viajes compuso y grabó un puñado de canciones interpretadas juntos. El álbum destaca -más que peca- por su sencillez y falta de ambiciones. Aún así cuenta con la ayuda de músicos amigos de postín -como Neal Casal– que en ningún momento cruzan la barrera impuesta por la naturalidad de las composiciones.

 

Small Town Heroes” (Hurray For The Riff Raff). Tranquila dosis de folk femenino, con un deje negro sutil, seguramente tanto por su pasado punk neoyorkino como por la mescolanza estilística de su residencia en Nueva Orleans. Formas deliciosas y voz elegante para narraciones que a veces esconden guiones de contraste turbio. Corazones rotos, algún asesinato, y buena parte de la temática del cancionero norteamericano del género, bien ancladas aún las raíces bluegrass perceptibles. Alynda Lee Segarra: ancestros portorriqueños y voz con la frescura de un manantial de Yosemite.

 

The Breeze-An Appreciation of JJ Cale” (Eric Clapton & Friends). Sería muy fácil cebarse con este trabajo del guitarrista rindiendo homenaje a su músico predilecto fallecido el año pasado, JJ Cale. Ni está a la altura de las canciones originales -no es ningún pecado: Cale era insuperable en su estilo- ni a la suya de los tiempos en que Clapton estaba en forma. Además ya saldaron deudas juntos en “The Road To Escondido”. Pero cuenta con la ayuda de otros devotos importantes –John Mayer, Tom Petty, Willie Nelson– entre los que debe destacarse la de Mark Knopfler, el otro beneficiado del JJ style. Solo por eso, por ver a ambos juntos reconocer su apropiación, ya merece la pena volver a escuchar -aunque descafeinadas- estas dieciséis canciones.