Tomorrow´s Hits” (The Men). Por el rasgueo de guitarra que conduce “Dark Waltz”, diríase que The Men nunca han roto un plato. Como unos recién llegados al planeta eléctrico desde la órbita country con la sentencia del título como lema. Falso. Al menos la parte sustancial de la premisa. Han roto cuberterías enteras hasta llegar a un quinto álbum de sonido decente en el cual desaceleran su ímpetu. Será la edad y la falta de reconocimiento para ganar audiencia. Los vientos de “Another Night” les arriman a una E Street Band low cost, “Different Days” y “Pearly Gates” rememoran incendios pretéritos, mientras “Sleepless” y “Settle Me Down” coquetean con la americana. Interesante proceso evolutivo: bien podrían los hits del mañana ser en el álbum siguiente los hits del presente. En tal caso deberían titularlo, por supuesto, “Singles”.

 

Chinese Fountain” (The Growlers). Cada vez más alejados de los postulados garage y arrimados al sol californiano históricamente reconfortante, se han propuesto bañar el vintage en las cloacas, secarlo y mostrarlo en un albornoz limpio. Todas las canciones provocan ganas de mirar atrás: bailar en un antro fifties, conducir el descapotable de un desguace cubano, y sobre todo escuchar la radio en el coche. Como si los primeros Arctic Monkeys interpretasen versiones de M. Ward, que viene a ser más o menos lo que hicieron con arreglos de cuerda en The Last Shadow Puppets. Growing Growlers.

 

After The End” (Merchandise). Cuando empezaban, se les presumía cierta actitud incendiaria. La procedencia de Florida rechinaba extraña si decidían decantarse por la senda Fugazi. Prefirieron girar hacia otro lado. De aquella guerra han aprendido la lección: tirando de épica, sube la moral. No se precisan armas amenazadoras; con el paso de los años y los discos han encontrado, en el fondo de las rítmicas acústicas, el hogar para hacer melodías sangrantes eléctricas. Cada vez suenan más británicos. La linea que separa a los primeros Doves de los primeros Elbow podría convertirse en su morada temporal.

 

Heal” (Strand Of Oaks). Un álbum de rock a la vieja usanza, aunque parte de él haya sido grabada por Tim Showalter en su casa. En cualquier caso, exalta los valores como hacía Springsteen: con la herencia norteamericana guardando las espaldas, la perspectiva social del presente, el refugio en el alcohol, o el paso de adolescente a adulto que no cambia nada (a menudo lo empeora). Provinciano -de Indiana-, vibrante, y capaz de extraer épica de un casio (la entrada de “Plymouth” es un pelín U2). Puestos a citar, destaquemos la presencia de J Mascis en “Goshen `97”, y sobre todo la estremecedora “JM”, muy Neil Young porque está dedicada a Jason Molina.

 

Home, Like Noplace Is There” (The Hotelier). Si tuviese que elegir un grupo promesa fuera de la gama tranquila de mis preferencias, citaría en primer lugar a The Hotelier. Poseen una intensidad pasional muy british, tanto en los temas más pensados como en los más correosos, que podría definirse como punk sensible. La manera de manejar los minutos es pura subida, con arranques lentos que avanzan poco a poco hasta explotar -guitarras y voces de la mano, catárticas- en himnos voluptuosos. “In Framing” y “Among The Wildflowers” dejan boquiabierto, con estribillos como tornados llevándote en volandas. Sabes que el aterrizaje va a doler, y que en vez de levantarte sin alma, quizá te levantes con una nueva. Siempre que consigas traspasar algunos obstáculos colocados a modo de coraza protectora.