Everybody Down” (Kate Tempest). Rap británico blanco con aspiraciones literarias. Kate es escritora/poeta, y las canciones tienen el nexo narrativo que se les supone; como capítulos. Seguramente no se entretuvo tanto con la parte musical, dejándola en manos del productor Dan Carey (currículo impresionante). Ella se centra en crear el clima con la palabras y el flow (la ha ayudado a ratos Willy Mason). Podría compararse a The Streets, acentuando el ángulo femenino de una relación en el marco social de los bajos fondos londinenses. Reflexiva o trepidante, en las antípodas del hip hop machista norteamericano, aunque sus canciones compartan escenario.

 

White Women” (Chromeo). Lo bueno: una colección de temas irresistibles para mover las caderas. Lo malo: no distingo uno de otro. Tanto importa el primero como el segundo como el último. No consigo distinguirlos por los estribillos y por ello no me generan la sensación de estar escuchando una buena canción pop (sí, estoy siendo un poco extremo y quizás alguno sí podría recordar esforzándome y, sí, lo admito, también podríamos discutir si mi concepto de pop ha quedado desfasado). Si a un pollo le cortas la cabeza y sigue bailando en vez de andar, será con una pieza de este álbum.

 

We Got A Love” (Shit Robot). An irishman in America. Así vendimos hace cuatro años en la anterior reseña a Marcus Lambkin publicando en la discográfica -y denominación de origen- de James Murphy. Después de todo este tiempo, lo único serio acontecido es la desaparición de LCD Soundsystem, de modo que debemos contentarnos con este híbrido -no tan contundente- para las pistas de baile. No son más que beats -como los de Chromeo para un no iniciado-, pero algunos con credibilidad. Sobre todo los obsesivos y/o de traqueteo eighties.

 

Movements” (We Have Band). Tenemos dos ejes con cuatro puntos equidistantes. Uno antepondría Depeche Mode y Chvrches, Otro, el pop y DFA. En el centro imaginario se centraría esta banda. Contienen sus temas mucho de los pioneros de Basildon -las voces de “You Only” y “Look The Way You Are”– así como el electro de Chvrches incrustado en el arrebato saltimbanqui de “Modulate” y “Save Myself”. La vocación pop queda clara pues, solo que pasada por la coproducción de Tim Goldsworthy.

 

Twice” (Hollie Cook). Fruto del movimiento musical británico entre bastidores de hace treinta años es Hollie Cook. Literalmente. Porque su madre es una corista de Culture Club, su padre Paul Cook (batería de Sex Pistols) y su padrino Boy George. Hace unos años Hollie tocaba en la banda de Ari Forster (Ari Up de The Slits), fallecida en 2010 y a la que va dedicado el tema que abre su segundo álbum. Producido por Prince Fatty, es un tratado de lovers rock de manufacturación blanca, comparable al disco de Jah9 del año anterior. Reggae cálido como los alisios del Caribe“Desdemona”-, una brisa cuya caricia enamora. Con esta segunda oferta Cook aspira a convertirse en la Sade del género. Venga, todos a hacer deberes y repasar la discografía de Gregory Isaacs entera. Advierto que, por volumen, es tarea copiosa pero de placer prolongado.

 

Where We Come From” (Popcaan). De perfil mucho más actualizado es Popcaan. Reggae solo en la cadencia, dancehall en el ritmo, y atiborrado de synth: en Jamaica también ha hecho daño el autotune. Su abuso está consiguiendo despojar de identidad a estilos distintos: aprietas un botón y todo suena igual. Pese al gancho en pistas, emisoras y reproductores de personas con ganas de pasarlo bien, representa para mí la parte negativa de la globalización, que no solo implica que todos vistamos prendas de las mismas franquicias, que gastemos solo dos marcas de móviles o que veamos los selfies como expresión artística. Es mucho más peligroso. Un día no muy lejano habrán conseguido que todos pensemos igual.