Existe una sensación de placer jugueteando con lo pretérito que contados artistas, los que poseen su fórmula secreta, consiguen aplicar. Los de la California de atardeceres tibios, sean en la playa o en Laurel Canyon, los Remate, Jonathan Wilson o Sean O´Hagan.

Admirador de Brian Wilson, de Gerry Goffin y de la música chicle, empezó Guillermo Farré a buscar su camino con Wild Honey hace ya más de siete años. Pasito a pasito, subiendo cada peldaño con más vigor que el anterior, abriendo el abanico de posibilidades y escogiéndolas con sensatez. Empezar con un EP, dibujar un primer álbum delicado y acústico, “Epic Handshakes And A Bear Hug” en 2009 mezclado en los estudios de Brad Jones, o conseguir que Tim Gane de Stereolab le produjese el segundo, “Big Flash”, en 2013, mucho más pulido y profesional. En ambos deja Guille apuntes de lo gratificante que es mirar atrás con tino, que se plasman en títulos como “Hal Blaine´s Beat” (dedicada al percusionista de Sinatra, Brill Building, Simon & Garfunkel, etc) o su homenaje al compositor carioca/paulista “Rogério Duprat Looks Out The Window”. Y compagina su labor creativa en el marco pop con otras actividades: componer bandas sonoras para documentales (el más reciente, dedicado a Bette Davies) o gestionar sus discográficas High Five y Lazy. Todos estos pasos le han ayudado a perfilar su universo melódico -imaginemos una jam entre Beach Boys y The Clientele en un cuento de hadas- con incipiente precisión, hasta llegar a los dos últimos EPs, “Dear Cindy” (2014), y un “Medalla De Plata” (Lazy Recordings 2015) que se publica esta semana.

Es su primera grabación en castellano (si descontamos las excepciones pertinentes, como aquel “Ascensores A La Planta Trece” para Fundación Robo). Cuatro canciones aprovechando todo lo aprendido para consolidar un sonido con empaque, entre surf y dream pop, sin renunciar a la sensibilidad. Porque tanto “Tu Propia Montaña Sainte-Victoire” como “Medalla De Plata”, “Brillan Más Que El Mar” o “Parque Temático De Patrones Abstractos” son deliciosas -cada cual que elija la que más- como la fruta madura, en su punto, elegantes. Pasan tan rápido que piden a gritos la edición de un tercer álbum para situar definitivamente a Wild Honey entre los nombres imprescindibles del mapa musical nacional.