Cuando uno conquista una cima, culmina una hazaña que difícilmente piensa repetir. A partir de entonces busca otra cima que escalar, nuevos retos. La cima de “Person Pitch” parecía insuperable desde que Noah Lennox, o sea Panda Bear, lo publicó en 2007. “Tomboy” (2011) tenía sus momentos, pero no se acercaba a su inspiración ni predecía -ateniéndonos al rumbo electrónico que tomaban Animal Collective– un hermano de genética similar.

De modo que resulta agradablemente sorprendente la recuperación de los valores básicos -quien tuvo, retuvo- de aquel álbum histórico en “Panda Bear Meets The Grim Reaper” (Domino 2015). Algunos se han perdido, como el talante explorador lanzando unos acordes y dejándolos fluir durante minutos, engordándolos con guitarras y electrónica, hasta rozar el trance: en este aspecto se ha vuelto más conservador. Pero sigue emanando destellos de plegaria líquida por entre esa sensibilidad polirrítmica de adicción inmediata. Y, el gran secreto: Peter Kember de Spacemen 3, con quien ya trabajó en “Tomboy”, por fin ha accedido a ponerse al servicio de las cuantiosas melodías que pueblan el disco, sin cercenar su instinto (“Davy Jone´s Locker” y la entrada de “Crosswords”). La fertilidad de Lennox en este campo supera incluso sus mejores tiempos y de ningún modo puede entenderse como una regresión, sino como inspiración. Porque puedes recurrir a tu amor por Beach Boys cuando montas las voces, pero debes estar en plena forma para estructurar una gran composición, con el imperativo además de un sello personal inconfundible siempre presente en esta ocasión. A veces sonará más como los Chicos De La Playa (incombustible su veneración, como se palpa en “Butcher Baker Candlestick Maker”) e incluso retrocederá a etapas más remotas (esos acordes de “Tropic Of Cancer” volviendo a recordar a su padre, como de dream pop vintage). Lo que sin embargo le pone por encima del notable es ese hipnotismo matizando las sílabas (“Boys Latin”), acentuándolas con una voz que dispara pop por entre las turbulencias electrónicas (“Mr. Noah”), con ritmos que se cuecen formando burbujas brillantes en la olla (“Come To Your Senses”), y auténticos bombones para ejercer de postre (“Selfish Gene”).

Desde la misma portada -con trazos parecidos a “Merriweather Post Pavilion”– pretende “Meets The Grim Reaper” reordenar la filosofía de Animal Collective aportando su versión del futuro de la banda, a saber un mayor equilibrio -perdido en “Centipede Hz”– entre la electrónica, los instrumentos habituales y esas tonadas eternas antaño marca de la casa. Con el aplomo de un músico capaz de sustituir la veta impulsiva de la juventud por la elegancia adulta. Es muy fácil quedarse enganchado a este disco. Pop imprescindible.