Las grabaciones caseras tienen un sabor distinto a las de estudio. No solo más natural y menos profesional. Supuran algo relacionado con el tiempo, su gran cómplice. Sin las prisas de un estudio alquilado donde es preciso entrar con las ideas claras. Hoy le añado la percusión de una cacerola aquí, mañana unos ecos allí, o la semana que viene un saxo acullá, hasta permitirme el lujo de ahondar en el sonido sin la preocupación de ceñirme a una estructura y conceder un punto final determinado. Éste vendría con la corriente ambiental.

En “Autotrophic Music” (Foehn 2015) juega Diego Hdez con lo instrumental y lo vocal sin más reglas que las que dicte su instinto en cada paso, sea éste nocturno, soleado o introvertido. Puede insertar tramos ariscos, incluso alguno insinuando agobio -como en “9 To 5”-, pero creo que no le pegan a su idiosincrasia isleña, y solo responde a momentos determinados cuando la curiosidad le puede al músico (curiosidad bien saciada en “Progress”, por cierto). Está mucho mejor inventando cócteles -las dos piezas con saxo serían un ejemplo, “The Map” y “Particular Universe”, la primera de intimismo subtropical y la última apurando una triste madrugada- entre los que hay dónde elegir. “Come The Summer” tiene algo de The Antlers con guitarra cimbreante. Con “Dress” se me ocurren decenas de películas donde estos tintineos de caja de música podrían encajar como banda sonora. Y si imaginarse puede una mezcla entre “Strange Fruit” -la versión de Billie Holiday o la de Robert Wyatt– y “Shipbuilding” -la de este último o la de Elvis Costello-, será escuchando “Heisenberg”.

El nexo de unión de los diez temas es precisamente su diversidad bajo la protección del final de la primavera. Tiempo e inspiración.