La explosión creativa producto de la toma de conciencia cultural, social y política de la comunidad afroamericana a finales de los años 60 del siglo pasado, esconde aún incontables tesoros musicales que inspiran y fascinan de forma poderosa. Las reediciones de recónditas joyas que en su día solo fueron distribuidas en sellos locales o en “private press” para los músicos y allegados, se suceden. Nacen sellos dedicados en buena parte a ello como Numero Group o Universal Sound que ofrecen una delicia tras otra a los aficionados. Es complicado destacar en esta avalancha de títulos recomendables, pero quizá por su cuidada, exquisita y limitada selección , los títulos de Matsuli Music generan una especial expectación.

El sello británico indaga en el viaje de ida y vuelta que en aquel momento emprendieron muchos músicos de jazz americanos hacia las raíces tribales africanas de su música, y al mismo tiempo nos muestra el impacto que este intercambio tuvo sobre la escena local, en este caso sudafricana. Así nos llegaron los discos de Batsumi y Chapita y el apoteósico “African Songbird” de Sathima Bea Benjamin, y así ha llegado también el no menos extraordinario “Ndikho Xaba and The Natives” (Matsuli Music, 2015).

Perseguido y asfixiado por las autoridades, el pianista Ndikho Xaba huyó de su Sudáfrica natal en 1964 y fue acogido por Miriam Makeba en New York. Allí entró en contacto con la escena jazz local y se impregnó del espíritu liberador que la impulsaba. Eran días de agitación política y cultural, de ilusión y esperanza, de lucha y de peligro. Miriam sufre un acoso policial constante por su activismo y en 1969 Ndikho decide emprender su propio camino en la floreciente San Francisco. Allí conoció a J Plunky Branch, saxofonista con quien armó la base de The Natives, formación multicultural y de amplio registro, cuya calidez soul no esconde una fiereza tribal y un aliento espiritual que impulsan su música de forma poderosa. Los afortunados que pudieron asistir a los explosivos conciertos de la banda tanto en night clubs como en colegios, iglesias, centros sociales y actos políticos como el rally por Angela Davis, recuerdan a Ndikho como un performer excepcional. Un medium capaz de arengar, hipnotizar y educar a su público, entre narraciones de revoluciones zulúes a pleno pulmón, texturas sonoras selváticas y un orgulloso discurso de raíces afrocentristas.

Lo que nos llega en esta elegante edición es el único disco que grabó la banda, en una sola toma y sin overdubs. Un testimonio crudo, entusiasta y cándido de un grupo de músicos en estado de gracia guiados por la presencia luminosa de Ndikho. Un disco de una belleza dulce y misteriosa como un ocaso en la sabana africana. Sin llegar a la complejidad avantgarde del Art Ensemble of Chicago, al trance esotérico de Don Cherry, al groove imparable de King Curtis, ni al rugido lunático de Albert Ayler, el disco concentra elementos de todos ellos y los dosifica sabiamente en sus escasos 30 minutos de música insuperable. Gracias, Matsuli.