Para preparar estas líneas dedicadas al tercer álbum de la australiana Tania May-Bowers -conocida artísticamente como Via Tania no he tenido más remedio que dirigirme a las antípodas geográficas -que no musicales- y aprovechar el viaje para ponerme al día con “Vulnicura”, el último armatoste –sólo salvaré, y de forma holgada, “Stone Milker”– de la otrora sagaz Björk y, así, sondear la disparidad de sensaciones que me produce a día de hoy la incorregible diva respecto a otra intérprete, más modesta, a menudo relacionada con modos próximos a la islandesa.

Si en el caso de Guðmundsdóttir ya todo es delirio y suficiencia insustancial que roza la autoparodia, en el de Via Tania se percibe una mayor concreción conceptual, menos aparatosidad instrumental –para este disco prescinde casi por completo de ornamentos electrónicos a menudo ineficaces, cuando no fastidiosos- y un denodado interés por dotar a sus composiciones de frescura y sencillez, siempre que se lo permita la Tomorrow Music Orchestra de Chicago –complejo llegar a hablar de sobriedad cuando tienes a tus espaldas quince músicos- cuyo nombre, por cierto, acompaña al de Tania en el título genérico del álbum.

Bowers resuelve con nota la eterna disyuntiva entre vestidos amplios con los que vestir melodías ajustadas pero prometedoras, anegando y arruinando el relato, y uniformes básicos que dejen todo el protagonismo a la voz llegando (ahora sí) a un punto intermedio donde todo encaje sin tener que recortar a toda prisa o lamentar por el contrario algunos complementos. Nada de bosques interminables o escuálidos jardines regados con anecdóticos chorros de trip-hop, como le ocurría en entregas anteriores: la medida exacta, a través de la cual el oído pueda abarcar sin desorientarse todo el radio de acción –y emoción- de la trama.

Impresionismo a la manera de la Virginia Astley de, por ejemplo, “Had I The Heavens” con la pátina académica de Owen Pallett. Impecables estampas con algo de swing inaprensible, orgullosas de su acabado. Una afortunada alianza que desprende serenidad y fluidez: identificación con una belleza etérea exenta de histrionismos desesperados y ostentaciones hundidas en la digresión.