Tengo un amigo que asevera: cada mujer es como una sandía; has de traspasar la corteza para conocer su sabor. Podría parecer, según se tome, machista, pero tiene un punto de verdad. Se encuentran más variantes en las distintas sensibilidades femeninas que en las masculinas. Su perspectiva de la vida, de su vida. De las relaciones afectivas. Por eso transmiten sensaciones singulares. Pocas son políticas como la joven Joan Baez y el joven Bob Dylan, y casi ninguna puede sintetizar las cicatrices del alma como Leonard Cohen, pero, operando en universos distintos, sacan petroleo.

La música de Jessica Pratt en “On Your Own Love Again” (Drag City 2015) no es nueva. Sonidos frágiles e íntimos como la cascada de agua limpia en invierno, que hablan de sueños y de contemplar estrellas. Arpegios cuyas resonancias dejan a la voz en primer plano, el arma principal de esta joven norteamericana de 27 años, dulce como las cerezas avanzada la primavera. Salvo en un par de temas -como “Greycedes”– donde coge una entonación ñoña y amanerada -distinta pero con el repelús similar de Joanna Newsom-, los demás configuran el típico remanso de paz donde las sutilezas acaban siendo determinantes: una palabra precisa insertada en la frase, una nota de guitarra enfatizándola, sin hacer ruido en ningún momento mientras abre las compuertas de su vertiente femenina.