Para cualquier aficionado a la música que se precie, es incongruente rebatir las cualidades del debut de Tobias Jesso Jr., un canadiense con billete de ida y vuelta a Los Angeles. En su periplo hizo contactos -tuvo relación con una nieta de Elvis Presley-, conoció el mundillo de la industria californiana, valorando las ventajas de Vancouver tras regresar debido a una enfermedad materna. Y con este bagaje, además de su innegable talento como compositor, ha publicado “Tobias Jesso Jr.” (True Panther 2015), álbum clásico y perfecto en todos los sentidos que me tengo que morder la lengua para no afirmar que es el “Bridge Over Troubled Water” del 2015: directo a la parte alta de todas las listas dentro de unos meses.

El punto de partida de la argumentación: es un disco de compositor más que de músico, con el piano como base -salvo en “The Wait” y “Tell The Truth”– y con el libro de estilo centrado entre 1968 y 1972. El de John Lennon -¿no tiene “Without You” más de un acorde y el tratamiento vocal de “Imagine”?-, Paul McCartney -¿la curvatura de “Can We Still Be Friends” no lleva a “Hey Jude”?-, Randy Newman, Burt Bacharach, Nilsson, Jim Webb e incluso la manera de operar con el piano Elton John o Todd Rundgren durante aquellos días. Las notas de este instrumento son las que sustentan cada pieza para que la voz la desarrolle con sus estribillos pluscuamperfectos de cantante cómodo en su casa. Como si interpretase “Let It Be” para ti en una sesión personalizada en el salón de tu estancia.

La desnudez aparente en alguna composición -ojo, está requetepensada por nombres como Chet Jr White de Girls, Patrick Carney de The Black Keys o Ariel Rechtshaid-, que podría parecer retrógrada por demasiado simple, lo que hace es realzar todos los matices de la estructura, hasta el punto de hacer pensar que no le hacía falta la ayuda de ninguno de los famosos mencionados. Porque Tobias tiene la madera necesaria para calar, o sea la perspectiva de enamoradizo empedernido capaz de conectar con las personas al cabo de medio minuto de conocerlas. Una rara avis en tiempos tan pragmáticos e individualistas -casi contracorriente en los límites de su época y contexto- recuperando sensaciones que ya habíamos enterrado sin darnos cuenta de lo imprescindibles que son. No hay cementerio trendy tan vasto como para hacer desaparecer medio siglo de Beatles. La emoción natural, su arma definitiva. ¿Quién dijo que ya no se hacen canciones así? Un diez.

 

PD. Mientras escribo, percibo un apunte gracioso, la coincidencia fonética de Paul McCartney con Patrick Cartney. Y dos datos esclarecedores: Nilsson también tiene una canción -famosísima- llamada “Without You”, mientras Todd Rundgren tiene otra titulada “Can We Still Be Friends”. La abogacía del diablo a pleno rendimiento.