Cuarenta años atrás se produjo en las aulas y bares de Lubbock, Texas, una corriente de country local que en un par de años traspasó fronteras hasta incluso fascinar a los cachorros del punk británico. Buena parte de los protagonistas (Joe Ely, Butch Hancock y Jimmie Dale Gilmore) procedían de The Flatlanders, pero uno de los precursores era Terry Allen, estudiante venido de Wichita, Kansas.

Su álbum “Juarez” (1975) causó revuelo al utilizar una trama conceptual con bastantes pasajes de spoken word sobre piano, fórmula anómala dentro de los parámetros del género. Sus otros dos discos de referencia fueron el doble “Lubbock (On Everything)” (1979) y “Smokin´ The Dummy” (1980) tras los cuales todos -tanto Terry como los abrazatendencias- perdieron fuelle. Él siguió grabando con mayor parsimonia hasta el cambio de milenio. Pocas grabaciones se le pueden atribuir durante la pasada década, pero si hay una sobre la que jurar amor eterno es “Bottom Of The World” (TLA 2013).

Ayudado por una instrumentación de fragilidad extrema -acústicas, violines, la steel del gran Lloyd Maines, acordeones- y con un acento como siempre fronterizo, desgrana historia exquisitas de compositor con bagaje. Curiosamente empieza con “Four Corners”, pieza de “Juarez” -también recupera “Angels Of The Wind” de la banda sonora de “Chippy”, obra donde también figuraban Ely, Hancock y Robert Earl Keen– adentrándose en un universo de valses tejanos del que resulta difícil escapar. “Do They Dream Of Hell In Heaven” y “The Gift” podrían suponer lamentos de un Leonard Cohen enfundado en sombrero vaquero. Proliferan las alusiones mejicanas -en “Bottom Of The World”: Ava Gardner, Puerto Vallarta, Oaxaca, Cuernavaca– así como otras relacionadas con el entorno -“The Searchers” de John Ford, con John Wayne– en “Wake Of The Red Witch”.

Seguramente lo mediático aconseja centrarse en las nuevas hornadas. Cierto, algunas músicas necesitan sangre fresca, y por ello conviene respaldar a talentos como Sturgill Simpson. Pero, en beneficio de la memoria colectiva, es imprescindible subrayar cuando un veterano sigue mostrándose en forma. Dos años y pico han pasado desde la publicación de “Bottom Of The World”. Aún está calentito.