Cuando hablamos del término white en música, se me ocurren varias incongruencias ancestrales. Desde el apellido de Maurice White de Earth Wind & Fire con la fórmula de la cohesión instrumental negra perfecta, hasta la menos elástica pero igualmente dinámica banda escocesa -gran nombre- Average White Band. Y ahora se puede sumar al catálogo anacrónico a Matthew E. White por su fantástica demostración de conocimiento del género.

Insistiendo con lo de white y black, a veces me siento culpable de que me gusten más los blancos probando con música negra que sus inventores. Puede que tenga que ver con la propia idiosincrasia del rock & roll como híbrido albergando trazos de dos culturas distintas conviviendo bajo el mismo techo. Puede que también se deba a que los blancos vieron en la música de color un camino donde explorar, mientras los afroamericanos percibieron la música blanca como una herramienta más de dominio y opresión. El caso es que, desde tiempos remotos, no ha existido un intercambio continuado de doble vía. Los caucásicos de Detroit, Chicago y Memphis abrazaron el blues y el soul, incluso los de Kentucky,Tennessee o cualquier otro paraje norteamericano. Grupos blancos de blues progresivo a ambos lados del Atlántico, Todd Rundgren, Kurt Wagner, The White Stripes o The Black Keys: ejemplos mil hay para llenar un libro. Pero a la inversa…

Volvamos a Matthew. Si hace un par de años nos deslumbró con “Big Inner” y hace un par de meses apadrinando a Natalie Prass, ahora toca pasar reválida con “Fresh Blood” (Domino 2015) donde vuelve a respaldarle, como coproductor y multiguitarrista, Trey Pollard, músico de la casa (Spacebomb). El protagonista la pasa por supuesto con nota, pues es un placer disfrutar de su sabiduría poniéndole a cada segundo el instrumento y la nota precisa. Las dos primeras canciones son para enmarcar. “Take Care Of My Baby”, golosina de soul dulce suntuosamente decorada. Y “Rock & Roll Is Cold”, como indica su título un rock & roll camuflado entre la marabunta de 31 instrumentistas perfilándose como uno solo, donde la voz de Matthew muestra el apetito por adaptarse a la esencia. Como J J Cale en su estilo o -quizás un ejemplo más divulgador- aquel falsete de Bob `The Bear´ Hite de Canned Heat.

Las inclinaciones religiosas del autor pueden girar a gospel en “Circle `round The Sun”, hacia el sur profundo en “Golden Robes”, e incluso ceder a los sentimientos momentáneos dedicando “Tranquility”, con su inicio sórdido, al añorado Philip Seymour Hoffman. Curiosamente las diez piezas cuentan con la coautoría de Andy C. Jenkins corroborando que “Fresh Blood”, pese a percibirse cada vez con el sello personal de la música rondando la mente de su artífice, es un trabajo de equipo.