Siempre hay una primera vez. La que te golpea tan fuerte que te hace aterrizar. El clic. Se te habían mandado señales anteriormente sin que las supieses interpretar. Miradas con retrospectiva eran muy claras aunque dispersas y provenientes de ángulos inconexos. Podría tirar del hilo de Emerson lake & Palmer, Neu!, Tangerine Dream o, respondiendo al pragmatismo del mercado pop, poner el punto de partida en “Popcorn” de Hot Butter. Incluso arrancar a partir de Kraftwerk. O, ya los los menos intuitivos, empezar a oler lo que se avecinaba a la altura de “I Feeel Love”, de “Low” de Bowie o Gary Numan y Tubeway Army. Sí, resulta difícil -por imprecisa- narrar la cronología de los sucesos que provocaron el auge del tecno pop (sin “h”) hace 35 años.

Mi clic se disparó con “Electricity” de Orchestral Manoeuvres In The Dark. No recuerdo bien si con la primera versión a cargo de Martin Hannett -portada cortesía de Peter Saville: la maquinaria de Factory a pleno rendimiento-, la segunda, o la tercera incluida en el primer álbum ya con Dindisc, si a finales de 1979 o a principios de 1980, pero sé que fue antes de “Sleepwalk” -y “Vienna”– de Ultravox, y que “Dreaming Of Me” -y “Just Can´t Get Enough”– de Depeche Mode. Aquella masa de teclado sencillo sobre la que serpenteaban unas notas graciosas -sí, fáciles como anteriormente “Popcorn”– apuntando el concepto de electicidad más allá de los amplificadores; como la energía del mundo moderno de las tendencias (curiosamente el referente del texto era casi la antítesis de lo sintético: la energía solar). Aquella masa, insisto, no era la primera en despreciar con descaro las guitarras, aunque sí la que conseguía transmitir las vibraciones del rock & roll hedonista sin instrumentos convencionales (y no en el sentido de “Crocodile Rock” de Elton John).

Después vendrían “Enola Gay”, “Souvenir”, The Human League, la irrupción de elementos disco abriendo la puerta contigua de los nuevos románticos, y la caída final de toda la generación tecno pop. El mundo de la tecnología cambió y la música electrónica necesitó de las innovaciones del rap -a través de las bases pregrabadas- y del house para resurgir ya con aspiraciones distintas y más ambiciosas que entrar en las listas. Mientras OMD siguieron fabricando muchas buenas canciones fuera del foco mediático, erre que erre -salvo el silencio entre 1997 y 2005-, con sus estribillos de verano atómico y con la tranquilidad de saber que cambiaron grandes cosas con una pequeña canción saltarina.