Dark Entries es un exquisito sello norteamericano especializado en rescates de discos de culto de la era dorada del post-punk, en particular la rama más electrónica y experimental de un tipo de pop a menudo anguloso y dadaísta.

De Thomas Leer, músico escocés muy activo en esos años -finales de los setenta y principios de los ochenta-, este sello afincado en San Francisco ha recuperado para la presente temporada su single de debut, “Private Plane” (1978), editado en su día dos veces en oscurísimas escuderías de la época como Oblique o Company. Dos canciones (la cara B es “International”) tensionadas en una arquitectura que hoy se antoja naíf y primaria pero que lo que hacía entonces era aprovechar, de manera intuitiva y desde la más estricta independencia, las iniciales posibilidades del abaratamiento de sintetizadores, cajas de ritmo y demás cacharrería proto-futurista.

Dicho sencillo, unido al prestigio de “The Bridge” –disco de 1978 compartido con Robert Rental– entre los seguidores más exigentes del minimal synth subterráneo e irreverente, hacen de Leer una figura muy estimada entre las huestes tecnófilas. Las mismas que, sin embargo, ya sea por indiferencia o simple desconocimiento, no han calibrado la brillantez y ambición de su primer disco oficial en solitario: “The Scale Of Ten” (Arista, 1985). Circunscrito a un momento en que la sofisticación, el culto a la imagen y a los recursos cuasi-infinitos de los estudios de grabación campaban a sus anchas, el álbum despliega un conseguido maridaje entre arreglos sulfatados, emotividad urbana y elegancia punteada de funk blanco a la manera de, por ejemplo, Heaven 17. Un feliz ensamblaje que también (y sobre todo) dio estimables canciones espaciosas –con el inevitable “espíritu maxisingle”- como “Memories of reason”, “Transtition” (ambas en la línea del Stephen Duffy pre-folk), la canicular “International” –nada que ver con la homónima citada más arriba- o “Nº 1”, esta última orillada al soul para todos los públicos de The Blow Monkeys, demostrando con ello que nuestro hombre sabía hilvanar, por lo tanto, singles de alto voltaje. Otras como “Mistrust”, entre el tono vocal claustrofóbico y la contumacia sonora, le situaba en una órbita muy similar a la de los Associates de Billy Mackenzie.

Colaborador de los primeros The The (urge un informe sobre la proverbial nómina de complicidades en el proyecto de Matt Johnson a lo largo del tiempo) y artífice de Act, un efímero dúo con Claudia Brücken (ex de los alemanes Propaganda), Thomas Leer retomó su actividad en el nuevo milenio con una serie de discos instrumentales entre el acid jazz, la exótica y, en general, los territorios más imprevisibles y menos domesticados, haciendo de este “The Scale Of Ten” – disponible en compacto sólo a precios prohibitivos- un imprevisto y muy defendible islote de pop impecable y a la vez aventurero, dentro de una carrera arriesgada como la que solo pueden darse entre aquellos que tienen preservadas de antemano su autonomía y su insobornable personalidad.