No suelo fiarme de personas, políticos o no, que prometen y no cumplen, sobre todo si saben de antemano que no podrán hacerlo. Y prometer una ristra de álbumes dedicados a cada uno de los estados norteamericanos me parecía una misión titánica aunque gozasen de la longevidad necesaria y bajasen el nivel de calidad de las composiciones.

Una vez dicho esto, “Carrie & Lowell” (Asthmatic Kitty 2015) es el mejor álbum de Sufjan Stevens. Porque es autobiográfico, embriaga desde la profundidad del alma al narrar las sensaciones de una vida forzosamente disfuncional -¡cuánto me emocionó su huella en la banda sonora de “Little Miss Sunshine”!- que ha de apechugar, desde la infancia, con las malas pasadas del destino. Sufjan es el más joven de seis hermanos. Carrie, su madre, con serios problemas psíquicos y de adicciones varias, les abandona cuando Sufjan apenas tiene un año y se va con Lowell Brams, quien después sería su valedor a la hora de montar Asthmatic Kitty.

Lo que destripa Stevens son los sentimientos que le carcomen cuando ella muere víctima de un cáncer. Armado con una instrumentación mínima -banjo, algo de teclados y la sutil electrónica ambiental de rigor-, deja atrás los aspavientos casi góticos de “The Age Of Adz” para volver al redil acústico donde el susurro -como en el caso de “Our Endless Numbered Days” de Iron & Wine– impacta mucho más que un alarido. A los que conmovió “Hospice” de The Antlers, aquí encontrarán once canciones relatando desde varias perspectivas la amargura propiciada por la pérdida del ser más querido para cualquier persona (aunque ésta le haya infligido dolor). La volatilidad del piano eléctrico y el banjo en “Death With Dignity” es monstruosa cuando cae la frase I forgive you mother, al igual que el piano eléctrico fúnebre en “Fourth Of July”, al terminar balbuceando we´re all gonna die (estás a punto de llorar mientras él se pregunta por qué no llora) o en “John My Beloved” (donde Sufjan reitera su afición por las alas a la par que suelta there´s only a shadow of me, in a manner of speaking I´m dead).

Otra de las piezas destacadas es “The Only Thing” con frases/titulares reflejando las contradicciones que le embargan: I wonder did you love me at all….how do I live with your ghost. Everything I feel returns to you somehow. I want to save you from your sorrow. Incluso alguna le ha habrá funcionado a modo de terapia, como “Eugene” (what´s the point of singing songs if they´ll never even hear you). Y después de un título tan revelador como “No Shade In The Shadow Of The Cross”, Stevens edifica el epílogo perfecto en “Blue Bucket Of Gold” con la pregunta que siempre SIEMPRE le ha carcomido y la respuesta que hubiese gustado escuchar cuando ella estaba viva (tell me you want me in your life). Con la electrónica espectral como hilo de despedida en uno de los finales más espeluznantes que degustaremos jamás.

Por entre las viñetas de la infancia asoma la oscuridad del pozo (como Torres), con la austeridad instrumental enfatizando la riqueza expresiva más allá de lo que nuestras terminales receptivas están acostumbradas a absorber. Infinitamente sobrecogedor.

¿Es “Carrie & Lowell” el “Berlin” de Sufjan Stevens?