Debe ser la rehostia grabar siendo casi un adolescente, pasar inadvertido, hacer tu vida normal, volver a grabar medio siglo después….y tener éxito. Aún dentro de esta edad en que estás de vuelta de todo menos de lo inevitable, la recompensa moral ha de ser -lo dicho- la rehostia.

La serenidad de la música de Bill Fay es ejemplar, tanto para las generaciones que vienen como para las que se van. Sigue confiando en que, pese a los sempiternos tropiezos en las sempiternas mismas piedras, el ser humano sobrevivirá. En esta segunda grabación post-retorno lo dice con la boca más chica, incidiendo en las piedras debido a varios factores. “Who Is The Sender?” (Dead Oceans 2015) no tiene la misma luminosidad que “Life Is People”. Esta vez se muestra más real y agridulce. De hecho las grietas del sonido adornando “Underneath The Sun” sobrecogen casi tanto como la denuncia -no por tranquila silenciosa- de “War Machine”, el tema destacado. Y las metáforas -como los peces en el estanque en “Something Else Ahead” o los gansos migrando en “The Geese Are Flying Westward”– configuran un guión demoledor que pasa por encima de la sensación de que este hombre durante mucho tiempo compuso cientos de canciones, escogió las mejores para “Life Is People”, y ahora publica la siguiente tanda con las segundos mejores.

Muchos estamos sintiendo, a nuestro modo personal, lo que Fay. El problema de la edad es la percepción creciente de que el mundo avanza en la dirección equivocada. No entender el progreso y la evolución del ser humano es un síntoma ambivalente. De desfase y a la par de sabiduría. La consternación de las personas mayores por la pérdida de ciertos valores éticos a veces coincide con la de las generaciones emergentes. Algo va mal, tan terriblemente mal que nos convierte a ambos en cómplices. Resulta muy difícil que un adolescente capte enteramente el mensaje de fondo de la música de Bill. Del paso por la vida, de la esperanza por un mundo mejor truncándose pero, a pesar de todo, presente, para demostrar -como el dicho- que es lo último que se pierde. Paddy McAloon en “Goodbye Lucille #1” la clavaba: life´s not complete till your heart´s missed a beat.

Así que me pongo la mano en el pecho y la cosa sigue palpitando. Respiro profundamente mientras miles de profetas predicen cada diez minutos otro disco que salvará a la música, y se me escapa una mueca de resignación benigna suavizando la amargura, impotencia y experiencia de las arrugas de la cara. Hoy va a ser un buen día.