Como “Blue Lines” en su momento, es el disco de consenso del 2015. El que agradará tanto al mercado tradicional como al de tendencias. Jamie xx, el tercer hombre. Un trío formado por una pareja, más este chico vestido de negro manejando la electrónica (en vez de The xx, deberían haberse llamado The xxx). Que en su vida fuera de la banda se ha creado un universo de productor/mixer en el que solo entran músicas muy selectas. Y que al cabo de un recorrido decide sintetizar todo lo aprendido en un álbum que va más allá del sonido propiamente dicho, para explorar los efectos que éste haya podido inferir en los adictos a la noche y a la mezcla de euforia y desazón que en ella han encontrado durante décadas los amantes de la electrónica. “In Colour” (Young Turks 2015) es la reivindicación de una manera de entender la música sin sacrificar un ápice de su potencia emocional, supurando ese sabor amargo en plena madrugada sobre el asfalto que muy pocos discos –“Kill For Love” de Chromatics es otro ejemplo en cuanto a similitud de sensaciones, que no estilos- consiguen emanar.

Quienes disfrutan de la cultura de la tristeza de The xx estarán contentos con las canciones donde figuran Oliver Sim o Romy Madley Croft. En alguna, como “Seesaw” -ayuda Kieran Hebden de Four Tet-, aborda las maneras que han nutrido a los clubs británicos los primeros Saint Etienne (los de “Foxbase Alpha”) o los Everything But The Girl cuando Ben Watt cambió la guitarra por la computadora. Odas a la vida preñadas de una tristeza subliminal, sin buscar lo que se lleva: simplemente encontrándolo, hasta distribuir una ristra de sensaciones de toma única a generaciones que ya habían perdido la fe. ¿Te gusta la electrónica y reniegas de Radiohead? A lo mejor escuchando el lamento solitario de “Stranger In A Room” empiezas a entender a Thom Yorke (todo lo que ha querido decir el de Oxford en tres álbumes se resume aquí en una canción).

Donde no obstante hemos de sacarnos el sombrero es en los instrumentales que trabajan el ritmo hipnótico que de pronto se abre a la melodía. Cuando estás inmerso en la nebulosa creada por la percusión y te lleva a un infinito que creías olvidado -desde…¿“Born Slippy”?- una simple secuencia de notas bonitas de sintetizador: “Gosh” es el comienzo perfecto para un álbum perfecto, sobre todo si al otro lado, cerca del final, cierra el círculo “The Rest Is Noise” con su vacío aparente capaz de consolar a cualquier alma herida. Porque los sonidos que los negacionistas de la electrónica han rechazado, escuchados aquí, quieran o no forman parte de su vida. Aceptar esta realidad y de pronto percatarse de que no puedes vivir sin -ni ajeno a- ella es la gran lección de “In Colour”. A su lado, toda la otra música electrónica de lo que llevamos de año sobra, es en blanco y negro. The rest is noise.