Se le puede despachar, reprobar o minusvalorar con el mismo material del que están hechas sus canciones: la ironía. Pero también se puede utilizar esa figura para colegir desde un punto de vista más constructivo que la puesta de largo del estadounidense Michael Stasis para el sello canadiense Arbutus produce el suficiente cosquilleo y ofrece sobradas pistas como para tenerlo en cuenta y sumarlo con honores a la lista de músicos de baja fidelidad –y en su caso intenciones atonales- de campan por las infinitas autovías del “hágaselo usted mismo”. Quedarse en un punto intermedio entre ambas predisposiciones sería quizá la opción más inteligente y valiosa.

RIP III” –producido por Jorge Elbrecht, correligionario de Ariel Pink: ahí va una buena premisa- te podrá despistar o hacer que se te frunza el ceño; es posible que consiga hacer remover tu trasero o que sueltes una mueca de (según la postura) asentimiento paternalista o complicidad malévola. Sospecho que el empeño último de su autor ha sido en cierta manera desestabilizar al oyente con una sucesión de sketches donde quepan injerencia y escritura deductiva y acaben cogidas de la mano. Valga como ejemplo al azar “Greenskin”, que empieza psicodélica y continúa nuevaolera por puro accidente, rompiendo la estructura clásica de estrofa-estribillo-estrofa de la misma manera que un especialista en esas lides como Alan Jenkins siempre ha hecho en cualquiera de sus reencarnaciones, para acabar a continuación pareciendo más un cameo de Plastic Bertrand que otra cosa.

En la dupla formada por “Land of the Gods” y “Little Devil” despierta –vía The Monochrome Set– el espíritu más inquietante y peliculero de los Kinks. Para “The Necklace” bien podría hacerse pasar por un moderno Syd Barrett –pátina de Travis Bretzer mediante- y en “Surface Area”, puro fuego de campamento, no puede evitar robarle a Stephin Merritt uno de sus más distinguidos arabescos melódicos. “Smokey” subvierte los esquemas del country con una impostura y un gracejo que ya no deja lugar a dudas. ¿Dije ironía?