Suena imponente una sección de cuerda, y un piano que de forma tímida busca su protagonismo. Luz y tinieblas. El arte ya no nos salvará de nada, y buscar la redención en el amor es agua pasada. “Artists and repertoire , hand in hand through the greater way at dawn”. Arrastra las sílabas un Dan Bejar emulando a Scott Engel en “Times Square, Poison Season I” pero sin la teatralidad de éste. Aquí hay muchas estampas de amores on the run, referencias bíblicas post-cohenianas y próximas a las alegorías semánticas de Paddy McAloon, rimas de una plasticidad asombrosa, y mucha ambrosía para los oídos en forma de canciones altamente infecciosas.Han pasado cuatro años desde aquel deslumbrante tour de force llamado “Kaputt”. Un disco que puso en mi órbita a un autor al que sólo me acercaba de vez en cuando. Un talentoso tratado de pop clásico, nocturno y evocador. Desde aquellos días la herida sigue abierta, y esperaba ansioso la nueva maniobra de evasión de Destroyer. Me sincero: si “Poison Season” (Dead Oceans, 2015) me hubiera defraudado, o peor aún, dejado indiferente como hasta ahora toda su obra pre-Kaputt, quizás lo habría dado como caso perdido y archivado en el casillero de artistas de un sólo gran álbum. Pero no, entre sus exuberantes surcos se encuentran razones de sobra para seguir respetándolo. Dan observa un punto fijo en un infinito de grises; una mirada en donde quedan retenidas las luces y sombras de este diario en llamas. “…So, Bring out your dead. Bring out the light. Bring out your dark birds in flight. Bring out your red roses, too…”

Leía en alguna entrevista que el canadiense siente que, después de veinte años de carrera, ha encontrado los patrones idóneos para vestir su destartalada voz de crooner bisoño, y seguro, coge el toro por los cuernos cubriendo de oropel todo un cancionero que revive a Kurt Weill, Gershwin y a Cole Porter en la preciosa “Hell” con, de nuevo, referencias bíblicas y homéricas en primera persona -“I’ll take my chances on the road. On the inside, I’m an ocean. Like a wheel set into motion into the storm. I’m coming home, I’m coming home.”– y arropando esos versos entonando como lo haría Kurt Wagner: deteniéndose y dando sentido a casa sílaba, hurgando en su sonoridad, y dialogando con el silencio con delicadeza de orfebre. De los mismos mimbres nacen epopeyas cuyos destellos de neón nos ciegan -“The River”-, y cuyos reflejos cegadores nos inocula pero decidimos seguir avanzando en esta comedia de almas cuya densa trama se desquebraja a nuestro paso, oscuro.

Con el veneno campando a sus anchas, dejo que ese saxo alocado en “Dream Lover” –que tanto recuerda a “Rosalita” de Bruce Springsteen– me lleve a ningún lugar, y somos testigos de las aventuras de estos amantes que juegan a no despertar jamás. Algo de estado en duermevela tiene “Girl In a Sling”, y en el entramado de sus versos nos dejamos arrullar, porque es la misma voz que nos cantó “Wild Horses” mientras que en ésta, los caballos están enamorados y recorren colinas doradas. Paisajes oníricos en donde sorprenderse bailando una danza de cenizas y de muerte en “Archer on The Beach” al amparo de saxos vaporosos. ¡Qué difícil aprehender el gesto amoroso cuando todo a nuestro alrededor es sufrimiento y dolor! Parece mentira, pero al despuntar la mañana los rayos de sol se cuelan por entre las cortinas de la habitación. Alguien mira por la ventana aun con los ojos velados, y ve el contorno borroso de Gloria canturreando una canción que algún día se titulará “Sun in The Sky”.

Una vez Adorno dijo “ acuérdate que ser moral significa regirte en tu acción por el telos del final del sufrimiento”: “Poison Season” son heridas abiertas que cicatrizarán el día en que nuestros abismos dejen de mirar al cielo. Suena la última nota de este disco, y somos un poco mejor.