La actualidad musical sigue siendo esa especie de crecida imposible de controlar, achicar o drenar, de tal manera que las propuestas se multiplican hasta el infinito y, en muchos casos, uno no se percata de los tesoros que esconde hasta que no se topa a posteriori con los estragos de la corriente.

Desde Providence, cuna de todo un emblema del fandom como H.P. Lovecraft y auténtico hervidero de formaciones apegadas mayormente a todo lo que huela a garage, punk y ruidismo vehemente, surgieron desde hace casi diez años Vio/Miré, que de cósmicos tienen poco –muy al contrario: en todo caso lo suyo, por los titulares, parece un panegírico sobre ecologismo y vida campestre- y la intensidad se la gastan en los tiempos muertos y en su cortejo al silencio.

Vehículo expresivo prácticamente exclusivo para un Brendan Glasson al que, de momento, no le han pasado factura –artística, se entiende- sus buenas relaciones al otro lado del charco –Sigur Rós, principalmente-, entregó el año pasado uno de esos discos para enmarcar –de elocuente título: “You Will Be Spending Time Outdoors, In The Mountains, Near Water” donde se te podían colar combates de grillos o vientos atávicos entre acordes delicados y concisos. Todo ello vigilado por el mejor amigo del hombre, al que Glasson le dedicó nada menos que tres lecturas diferentes de la que es una de sus partituras más estremecedoras.

La excusa para traerlos aquí y a estas alturas es “Maine Songs” (2015) una especie de ep autoeditado y cocinado en plena naturaleza –si hay que ser proselitista se predica con el ejemplo, parecen decir- que funciona como afortunado apéndice al disco antes citado y a su centralidad armónica.

Para describirlos podría acudir a los juegos de voces de Alan Sparkhawk y Mimi Parker o al sosiego impenitente de un Neil Halstead, pero creo que su fórmula –el mal llamado folk, cuyo concepto ya nos hemos encargado un poco todos de prostituir-, en todo el sentido amplio y contando con esas posibles referencias, se antoja difícil de apresar en unos hipotéticos nombres o estilos. Es una llamada a la contemplación, sí, pero también a la captación de unos sentimientos que brotan aquí y allá con una predisposición serena a la par que grave. Están muy cerca y, sin embargo, a menudo pasan desapercibidos por el ciclón de la urgencia y el exhibicionismo impúdico.