No solo “Surf” (autoeditado 2015) de Donnie Trumpet & The Social Experiment cuenta con la ayuda de Janelle Monáe en la contagiosa “Slip Slide”, sino que de algún modo rinde tributo a aquel álbum que abrió una puerta a una nueva sociedad -dentro de la música afroamericana- para sacar al hip hop del ghetto. “The Archandroid” importaba bienes de los musicales americanos negros, del claqué y del swing. Lo que hace Trumpet, o más bien Chance The Rapper -el protagonista real de la grabación que prefirió poner en primera línea a Nico Segal-, es profundizar en la combinación de aquellos elementos utilizados, darles a cada uno espacio para respirar en un marco de bonanza. Su sonido es el idóneo para conducir por una autopista californiana tarareando los estribillos que de tanto en tanto despuntan por entre el mar de arreglos etéreos. Rap de ensueño para empezar en “Miracle” sobre fondo de soul de grupos vocales tipo Dramatics, Delfonics, Detroit Emeralds (y solo me he quedado en ejemplos de la letra D), etc. Con arreglos cinematográficos sintéticos como en “Warm Enough” -el equivalente de un Flying Lotus trabajando el formato pop– y trufado de los colaboradores ilustres de rigor (Busta Rhymes, Erykah Badu).

Lo más aleccionante de las 16 canciones es su capacidad para mantener las características vitales de la parte vocal del estilo incrustándolas en bases donde el ritmo seco no es prioritario, aunque esto también lo han conseguido Frank Ocean en “Channel Orange” y Kendrick Lamar en “To Pimp A Butterfly”. Gracias a ellas el hip hop ya no es “lo mismo de siempre” musicalmente, sino que cuenta con una paleta variada a la que recurrir y diversificarse. Aunque, aclaremos, este disco podría haber sido un perfecto tostón si no nos empujase a entrar a saco a acompañar sus fases y frases más pegadizas: I´mma stand up on my own two en “Slip Slide” tras el pistoletazo carnavalesco; el na-na-na después de citar el título “Wanna Be Cool”; la trompeta acariciando desde la lejanía los primeros compases de “Windows”, que se solventa con una voluptuosa carga rítmica subliminal africana; la contagiosa apostilla de please don´t go en “Go”; o los vientos cimbreantes de “Something Came To Me”. Aunque fugaces, muchos caramelos son.