Seamos objetivos: cualquier grupo capaz de entregar esa cantidad de melodías colosales en una sola obra -como “Teen Dream” en 2010- siempre impone un listón tan alto del que el público no es consciente. A todos nos gustaría que Beach House lo superasen, pero con rememorar su grandeza en algunas piezas de su carrera posterior debería ser suficiente. Sinceramente creo que su sucesor “Bloom” (2012) pasó el examen con nota, un notable alto con la pluscuamperfecta “Myth” a la cabeza, y que este “Depression Cherry” (Bella Union 2015) con el tiempo obtendrá un notable escueto.

Lo que menos me gusta del álbum -aparte de ver algún tema estirado un minuto más de lo necesario- es el título, albergando los matices combinados de su estilo de modo tan explícito que quita las ganas de forzar la imaginación en busca de una definición mejor. Podrán variar con discreción ciertos detalles -tanto en arreglos como en composición: se aprecian guiños al shoegaze en “Sparks”– que se olvidan en seguida cada vez que suena una de sus secuencias características y la Legrand abre la boca. “Space Song” contiene una de esas entradas marca de la casa, de celofán y miel, para derretirse sin desperdiciar una gota. Le sigue la no menos melancólica “Beyond Love”, como si el don para engarzar tonadas que te rompan el corazón fuera un asunto fácil. Las notas deslizantes a ritmo de vals al final de “PPP” apuntan al cielo infinito, mientras la colcha de teclados de “Wildflower” esponja, casi tan certeramente como East River Pipe cuando le viene en gana, toda la nostalgia que se avecina el otoño próximo. Y, ya en invierno, mostraremos una sonrisa de complicidad al revelarse el cartel y veamos su nombre en la programación del Primavera Sound. En uno de los escenarios grandes, por supuesto.

Days of candy. Aún con riesgo de empacho, que nunca nos falten.