Resulta difícil ser mujer, independiente, canadiense,de escuela folk, viajera, y no ser comparada con Joni Mitchell. Con este hecho, no necesariamente una lacra, ha de apechugar Tamara Lindeman, la persona responsable de The Weather Station.

Lo primero que trae a la memoria a su antecesora es el timbre vocal de la de Toronto. Esa manera de narrar el texto, la aplicación de agudos en las frases, el contenido de éstas y el tono intimista de artista en su universo. “Loyalty” (Paradise Of Bachelors 2015) gira como si a un tema de 1968 le aplican la ingeniería de 2015. De ello se encarga Afie Jurvanen de Bahamas y, a tenor de los instrumentos que dan entrada a “Way It Is, Way It Could Be”, bien podría tratarse de Aaron Dessner produciendo a This Is The Kit, con la resonancia de The National abriéndose paso entre lo acústico. El folk de Tamara va por libre pero ceñido a su pentagrama, aislado, con voz cristalina en su burbuja, sin más estridencias a veces que el susurro, y poco proclive a dejarse llevar por un arrebato (todo lo más, unos beats para dinamizar la letanía, como en “Floodplain”).

Donde mejor se mueve es en la zona de arpegios corridos -ejemplos son “Life´s Work” y “I Mined”– con toda la vulnerabilidad del piano reforzando los instantes de preciosismo. Momentos cuya delicadeza induce a pensar en reflexiones profundas, aunque Lindeman esté contando una simple observación: su arma secreta, dibujar un estado de ánimo cuya trascendencia seamos incapaces de poner en duda. Como Courtney Barnett -en este y solo en este aspecto- pero sin el achuchón eléctrico.