Para comprender la transformación de Tame Impala, basta con prestar atención a cada uno de los siete primeros minutos del nuevo álbum “Currents” (Interscope 2015) pertenecientes al tema “Let It Happen”. Los redobles abruptos han sido sustituidos por un pulso estricto, a cuyo paso va mutando la melodía -incluso durante momentos todo se difumina en un pozo de silencio para volver a nacer con el brío anterior-, fluida, aseverando el título del disco. Ya ni recordamos que arranca con el mismo tintineo que los nueve primeros segundos de “You Keep Me Hanging On” de Diana Ross And The Supremes, sino de la grandeza de las tres melodías desplegadas fundiéndose en una sola. De hecho, de todo lo aprendido junto al anterior productor Dave Fridmann, lo que permanece es precisamente lo que no tiene truco tecnológico, sino de criterio: Kevin Parker por fin consigue tonadas a la altura de Wayne Coyne de Flaming Lips. Solo que las somete al ritmo marcial propio de unos Daft Punk.

Están por doquier. Preciosa la de “The Moment” sobre todo repitiendo it´s getting closer -incluso cuando deriva en un pasaje moruno-, celestial la de “Nangs” o el medio tiempo de “Yes I´m Changing”, apto para enamorarse de lo que tengas más cerca cuando la escuchas -si te ha sucedido durante este verano, te derretirá-; melancólica “Eventually” contrastando con ese par de acordes pesados para después desmantelarte con la frase but I know that I´ll be happier, and I know you will too. Y, marcando el ecuador del disco, la más adictiva del lote, “The Less I Know The Better”. Entre todas suman más momentos de caramelo oxigenado que toda la discografía anterior de los australianos.

A la segunda parte le cuesta alcanzar el listón altísimo impuesto por la primera. Como en un partido de fútbol donde has goleado antes de llegar al descanso, lo que se intuye es que conviene mantener el resultado. El falsete de la voz del de Perth emula las de color -tanto las de los grupos vocales seventies como la de Prince– bordando cortes como “`Cause I´m A Man” o “Love/Paranoia” pero sin conseguir la misma pátina radiante. Como si la huida del ruido mundano exterior, una vez culminada con éxito, jamás hubiese existido vista desde su bolsa de placenta.

Parker ha cambiado todo lo estrepitoso y vetusto de su obra anterior por una combinación perfecta de neones y terciopelo. Sí, seguramente decepcionante -por mullido y suave- para sus seguidores más inflexibles que no comulgan con las corrientes apuntando a la música de color, pero sin duda para otros -me incluyo- el mejor álbum de Tame Impala. Hasta la fecha.