Antes de Paracaídas, ya habían grabado dos de los cuatro músicos –Miguel Bellas e Iñaki Jiménez– en otra formación “El Cuerpo Humano” bajo el nombre de Incendios. Ahora, junto a Rodrigo Sancho además de los miembros restantes (David Moralejo, Aarón Palazón, Álvaro Marcos y Pablo Moreno), presentan su nuevo trabajo “Las Sillas Voladoras” (Récords Del Mundo 2015).

¿Diferencias entre los dos proyectos (me ciño a ellos por ser cosecha de la misma añada, pues los tentáculos de estos músicos se extienden a otras grabaciones)? Ambos manejan post rock sin estridencias, y ambos coquetean con el dream pop. Pero mientras los primeros utilizan retazos de electrónica en busca de fotogramas precisos, Incendios optan por dar prioridad a los cuatro instrumentos básicos y dejarlos que desarrollen la pieza sin mayores aditivos. Mucho más contundentes en lo musical aunque no tan diáfanos en la emoción instantánea. Dicho de otro modo, Incendios en directo pueden aparecer sin el laptop. Paracaídas no.

A pesar de las diferencias, el cordón umbilical de la belleza que les une ha de adjudicarse a la manera de entender ellos la plasticidad, trátese de piezas largas al estilo Mogwai (“Al Final Nadie Se Salva”) como las melodías insertadas en clave shoegaze como las de “Teorías De Nubes” o “Las Sillas Voladoras”; las que nos hacen cerrar los ojos para saborearlas mejor. Y si alguna está dedicada a la madre del autor, puede ella estar contenta de que su hijo proporcione al mundo canciones así. De las que sanan heridas.