Cuando era pequeño había enfrente de nuestra vieja casa una vivienda abandonada y mi hermana y yo mirábamos a través de la cerradura de la puerta. Lo que se veía era un patio rodeado de columnas e inundado por la vegetación. Aquello suponía algo ensoñador y lleno de glamur: detrás de ese vergel toda una historia ajena por descubrir, una nueva distribución, otras gentes habían habitado las estancias de esa casa y eso excitaba nuestra imaginación y curiosidad. Algunas de esas imágenes y sensaciones han vuelto a acudir a mi mente escuchando ‘A Tale Untold’ (Folkwit, 2015) de Louise Le May, artista londinense originaria de Middlesex aunque residente en la actualidad en Hackney. Hacia 2008 Louise tenía colgadas unas demos de canciones en la plataforma MySpace, apenas interpretadas con su voz y un piano. Estos temas llegaron a oídos de Chris Evans, locutor del delicioso programa musical británico The Curve Ball, quien encandilado por la belleza de las piezas envió unos mp3 a Nick Butcher, músico y capo del sello de Nottingham, Folkwit Records, y al polifacético músico y productor Louis Philippe. El resultado fue la grabación al año siguiente del EP ‘Tell Me One Thing That Is New’, cuyas canciones (a excepción de “War With Love”) vuelven a incluirse en ‘A Tale Untold’.

Quien haya escuchado las composiciones de Louis Philippe y sus producciones (desde La Buena Vida a The Ocean Tango) sabe que todo lo que toca lo convierte en oro musical; pero al mismo tiempo algo tuvo que ver en los fragmentos de belleza de Le May para inspirar unos arreglos tan ajustados a lo evocador y onírico de la propuesta. En “Photographic” es una armonía llena de misterio gracias al apoyo en acordes del bajo y piano de Danny Manners, en “A Tale Untold” un piano con pespuntes de cuerdas en segundo plano (a cargo del Covent Garden String Quartet), en “Broken Child” es un contrabajo y una fina guitarra la que nos traslada a jardines inexplorados, en “Be My Guru” y “Coal-Marble-Stone” el piano y las cuerdas que tienen la misma importancia, en “Cassandra” son unos coros angelicales los que hacen que te recorra por la espina dorsal una corriente de placer, en fín un amplio abanico de recursos. Pero ojo, insisto, las armonías por sí solas sin el ropaje de los arreglos son lo suficientemente contrastantes y de calidad. Un disco para teletransportarse a otros mundos, aunque, como dijo Paul Eluard, los otros mundos estén en este.