Sun will fall across the canyon wall. My prayer on every stone and tree. Let the last be beauty, all in beauty…”

Cuenta Peter Walker -íntimo amigo de Karen Dalton que estuvo acompañándola en sus últimos días de vida- en su libro “Karen Dalton: Songs, Poems, and Writings” (Ark Press, 2012) que la gran cantante de Oklahoma, a pesar de su inmenso sufrimiento a lo largo de su vida -desengaños amorosos, alcohol, drogas, SIDA, y abandono-, nunca perdió su espíritu risueño y apariencia dulce. Su voz, aquejada de tanto dolor, transmite una infinita tristeza pero también el orgullo de una mujer que se agarraba a la música como último resorte para seguir viviendo. Un cancionero ajeno que ella lo transformaba en una experiencia única y personal, y para los despistados decirles que sus dos discos -“It’s Hard to Tell Who’s Going to Love you The Best” y “In My Own Time”– son un legado de imprescindible escucha. Después entenderán por qué Bob Dylan o Nick Cave llevan tiempo alabando las excelencias de su voz y personalidad.

All that shines is not truth. All that glitters does not shine. Real beauty rarely glitters, so I find”

Karen nunca se reivindicó como cantautora. Difícil saber si esta decisión fue tomada a causa de su impudicia, o por mandatos externos. Lo que deja de manifiesto este extraordinario “Remembering Mountains: Unheard Songs by Karen Dalton” (Tompkins Square, 2015) es que era una escritora de altos vuelos, y que en su trazo nervioso- frágil pero firme- capturó hermosas imágenes de desolación, soledad, carencias emocionales, y por encima de todo, el anhelo por apresar el instante bello a través del ceremonial con la naturaleza. Y todo esto nos llega a nosotros de la mano del propio Walker, que heredó de la autora una caja que contenía un puñado de poemas. ¿Eran letras para ser cantadas? ¿Eran esbozos de un diario íntimo? De haber continuado su carrera artística, ¿las hubiera aprovechado? Incógnitas que desvelan otras, y se prende la magia.

My love, my love. I will hold you. I hold you while the cold winds blow. The darkness will pound upon the rooftop. But the light will come I know. But the light will come I know…”

En este homenaje, once mujeres se acercan al universo ultrasensorial de la americana, y lo hacen musicando alguna de estas letras. El resultado final deja un poso indeleble: cada tema es un mundo en sí mismo, y nos depara emociones desmedidas. Porque de otra materia no puede estar hecho ese piano y esas voces dobladas en “This Is Our Love” por una Diane Cluck que rinde cuentas al fracaso amoroso cantando “A choir of angels with no song. A winding road steep and long. This is our love, this is our love”. Es emoción exaltada, sí, como esa “guía ilustrada de la soledad” que es “Remembering Mountains” interpretada por Sharon Van Etten, y que mecen las notas de un piano que llora. Julia Holter recrea una “My Love, My Love” que descansa sobre una sutil base de ruiditos, notas sueltas que se escapan y field recordings, y en esa línea más experimental borda la genialidad “Blue Notion”: Laurel Halo impregnándolo todo de electricidad estática en un océano en calma. Repito: extraordinario.