Insisto en lo dicho hace casi cinco años: las historias narradas por Bedroom me llegan muy cercanas. Quizás en “Llum I Carn” (Foehn 2015) ha arrinconado su faceta medieval, pero muchas de sus letras, ahora aplicadas a contextos más recientes -aunque aún añejos- en el tiempo, siguen bajo una estructura compositora de juglar (la manera de repetir frases para cuadrar rima, la narrativa hurgando en el imaginario popular, la combinación de lo real y lo legado, etc). Las fábulas y leyendas reinventadas según una tradición más reciente y sazonadas con los condimentos de la tierra, sea costera o del interior (...y hacerte la cena con una buena picada de ajo, perejil y aceite bueno de tus padres, canta en “Bosc Salat”).

En el folk catalán de Albert Aromir brillan las atmósferas logradas, como la inquietante de “Tren fantasma”; las frases con poder descriptivo fantástico; en “Poble Del Far” de pronto suelta en este pueblo de mala mar los pechos de las mujeres son salados, mientras en “L´Home Errant I La Guineu” flota la imagen lacerante (hombre que rondas por las vías, tu casa es un tiesto con tierra seca y una planta sin esperanza).

El texto de “Un Llamp Des D´altra Mar” sin embargo se yergue por encima del resto. Empieza con dan una paliza a un párroco por querer detener la droga que se movía en aquel pueblo de costa. Han puesto a un nuevo párroco, uno no tan valiente, uno de misas en latín, y la iglesia cada día está más vacía. Y acaba así: esta noche ha caído granizo en la costa; y mi abuelo en el alto del campanario; y mi padre ha visto un rayo desde alta mar; y entonces todos hemos recordado al abuelo, que renegaba de los periódicos y los banqueros y del demonio de empresarios, pero no dejaba que amargasen su mundo; y en su mesa siempre había UN PLATO GIGANTE DE FRESAS PARA TODOS; y así a ver quién tiene cojones de enfadarse o amargarse con este mundo.

Cierto, son canciones sencillas en busca de una identidad; símbolo del nuevo cancionero que corre de boca en boca ajeno a la tecnología punta. No son literatura top ni tienen la alucinante imaginación de García Márquez para manipular los ancestros. Pero están muy por encima de mensajes más triviales que triunfan en boca de colegas contemporáneos.