Sin escucha previa, cuando tienes entre manos un disco titulado “Veranos Eternos” (Moonpalace 2015), la primera asociación de ideas apunta a Family. Y lo cierto es que, con mimbres distintos y mirado desde otra perspectiva, Álvaro Menéndez pretende a su manera abordar sentimientos paralelos: el verano como estación natural en la que los escalofríos provococados por el enamoramiento se disparan.

Ocurre sin embargo, y en eso tampoco se distingue de la esencia de “Un Soplo En El Corazón”, que, más que la ofuscación alegre de finales de junio, retrata mejor las percepciones de pérdida inminente que el fin de la estación estival conlleva. La melancolía de León De Pelea es aún más letal en su premonición del otoño e invierno que habrán de sufrirse con el corazón roto antes de que llegue la primavera; se nutre de apenas uno o dos instrumentos acústicos de seis cuerdas -más mediterránea, casi egea “Capitán”, en general Iron & Wine desnudo- y las sencillas notas de piano impregnando la grabación -teclado tosco y profundo de “Final De Verano” aparte- de esa infinita y dulce tristeza con que todos solemos lamernos nuestras heridas internas.

De recogimiento absoluto –el viento cambia en la mañana, ventanas cerradas anuncian tu marcha, ya me has empezado a olvidar-, sus ecos propagan la combustión necesaria para que no se entumezca el único órgano de nuestro cuerpo indispensable para la vida.