Daniel Magallón asegura que no tiene muy clara su posición en el panorama musical patrio. Esa indefinición, o si lo prefieren, ese estar en terreno de nadie hace que su proyecto como Flamaradas sea el reducto perfecto en donde habitar para librarnos de tanta vulgaridad. Para qué andarse con subterfugios: el pop nacional “indie” -¿todavía vale llamarlo así?- me aburre una cosa mala; me interesa más bien poco debido a que sigue tan estereotipado y con tantos prejuicios como siempre, y por eso un disco como “Paisaje entre las cañas” (Producciones Doradas/El Genio Equivocado, 2015) no hay por menos que ponerlo en un altar por inusual, atrevido, vital, y maravilloso de principio a fin.

Tras “Cancionero Saturnino” ( Producciones Doradas, 2012) vuelve el de Sant Joan Despí con un puñado de canciones de sonido más pulido pero igual de intrépido. Con una portada que detiene el tiempo en la geografía urbana silenciosa del extrarradio, Magallón se alía con una banda fabulosa para radiografiar esa “otras vidas” del cinturón industrial barcelonés, y rememorar -con su peculiar escritura automática preñada de flashes extraídos de su cuaderno de notas- lúcidas estampas costumbristas. Fogonazos que -en el apunte lírico- me recuerdan a Juan Marsé como es el caso de la magistral “Los amigos de la plaza”, y cuyos recovecos panorámicos recuerdan a Silver Jews; en “Se me echaron a reír” el sonido de la slide guitar y la farfisa transitan por territorios de incómoda belleza, y quedamos atrapados sin remisión a merced de versos tremendos como “Y cuántas veces condujimos de noche por caminos negros de consuelos”. En “El puño piensa” -aportación a una petición de la Fundación Robo- Dani Flamaradas revive la mejor canción protesta, aquella cuya franquicia alumbró a personalidades de la talla de Jorge Cafrune, Raimon, u Ovidi Montllor y espeta versos que algún día ayudarán a ponernos a salvo: “Y recuerda que el puño piensa, el puño piensa. El puño siente, el puño siente. El puño vuela, el puño vuela. Con el puño se vuela, con el puño se vuela”. No me hablen de Joaquín Sabina o Ismael Serrano porque esto no es canción protesta. Aquí no hay imposturas. Sigue el disco girando, y me da un respingo oír ecos a mis queridos BB Sin Sed en los ritmos de “Piel de piedra”, mientras que en las costuras de “Pararrayos” hay garage sixties tembloroso. Un trabajo para enmarcar.