El extinto 2015 nos trajo la reedición de un disco inédito cuya fecha de publicación debiera haber sido en un principio 1989 (aproximadamente) y que, sin embargo, vio la luz de manera más o menos oficial en 2004. “Cut With the Cake Knife” –re-imprimido al alimón, y según el formato, por Sacred Bones y Night School- recopila las avanzadas maquetas de la segunda mitad de los ochenta de Rose McDowall, mitad del dúo escocés Strawberry Switchblade el cual, justo un poco antes, había legado para la posteridad uno de los discos más deliciosos de la época. La fórmula llevada a cabo por McDowall y Jill Bryson –recordemos- era un exuberante compendio de pop electrónico bailable, canción teen y melodías que entroncaban con el espíritu indie del momento. Entre las Shangri-Las, Talulah Gosh y las primeras Bananarama. También valdrían como referentes Madonna o Culture Club, y en estos dos últimos ejemplos tanto para cuestiones musicales como para poner en común un crossover estético devenido en adefesio entrañable muy propio de aquella década.

Cut With the Cake Knife” –disco que ya desde el título es todo pistas respecto a su aventura precedente- funciona como perfecta continuación de “Strawberry Switchblade” (WEA, 1985). Amores tiernos -e imposibles-, actitud sintética y vestuario gótico para terminar de embrollarlo todo. Contiene una radiante retahíla de hits latentes para una fiesta aún por estrenar, concatenación solo interrumpida por “Soldier” que, entre el dream-pop y la canción de cuna, parecía advertir entonces sobre los pasos siguientes de McDowall, ya en los noventa, en otro dúo harto recomendable como fue Sorrow, de ambientación más recogida y mística.

La edición digital de “Cut With the Cake Knife” incluye el único single que Rose publicase por aquellos días (1988) a su nombre y que también ha vuelto a ponerse en circulación recientemente, y por separado, en vinilo: ni más ni menos que una versión del “Don’t Fear the Reaper” de los Blue Öyster Cult cuyo parecido con el original, afortunadamente, es mera coincidencia. El ímpetu rocoso de los americanos es sustituido aquí por la adorable superficialidad y el sincretismo sui generis de McDowall; allí donde inicialmente dominaban los cencerros –motivo que se explotó de manera paródica en uno de los sketches más recordados de programa televisivo Saturday Night Live-, en su relectura synth se cambian por castañuelas y se añade una guitarra aflamencada para darle el toque definitivo e irreverente. La heterodoxia, amigos, era esto.