En su grupo previo, Blouse, se acabaron dando cita muchos de los nombres del pop intrascendente de guitarras de finales de los ochenta: The Primitives, Darling Buds o The Flatmates. Algo que no debería ser de facto impedimento para valorar, más allá de la previsible domesticidad de la fórmula, las canciones del combo de Portland, pese a que el modelo -revestido en sus inicios con algo más de hipnotismo por aquí y un poco de electrónica por allá- partiese ya de base con pocas opciones de destacar, algo que se confirma al rememorarlos.

Para su primer disco en solitario, su frontgirl Charlie Hilton apuesta por una mayor sutilidad y ambivalencia de registros. Verán: tampoco estamos hablando de la originalidad encapsulada en vinilo (o en cd y hasta en cassette: viene lanzado como en los viejos tiempos), pero sí de un intento –más propicio- de pergeñar mejores canciones recurriendo a referentes más aristados. Escucharán a la añoradas Trish Keenan y Nico en “Something For Us All” y “Funny Anyway” respectivamente, a unos Beach House casi preadolescentes en “Palana” –canción que da título al disco-, a una Debbie Harry narcotizada en “Let’s Go To The Party” o a la Maureen Tucker vocalista en “No One Will”. Aducirán quizá por todo ello síntomas de déjà vu pero no se resistirán –no deberían- a reconocer que cada viñeta sonora funciona a golpe de despreocupado –casi inerte- magnetismo.

Producido por Jacob Portrait, bajista de los abigarrados Unknown Mortal Orchestra -afortunadamente en el disco no se percibe contagio del batiburrillo conceptual habitual en éstos-, “Palana” (Capture Tracks, 2016) pone prácticamente su broche final –según el formato hay disponible o no una canción extra después- con la irresistible “100 Million”, de contoneo country-pop y con la inestimable añadidura al micrófono de su compañero de sello Mac DeMarco, dando la puntilla socarrona a una tonada que –lo prometo- no se les despegará de la cabeza como mínimo en un buen montón de semanas. Las mías continúan con ese tonto encantamiento.