Rosy Maze” (Marker Starling). El canadiense Chris A. Cummings, con esa pinta de oficinista cuarentón tras noche de juerga que no quiere admitir la resaca, grababa hace años para Tomlab como Mantler. Durante los últimos tiempos ha ido llamando la atención gracias a empujones como los de Junior Boys o Owen Pallett. Su música es vaporosamente nocturna y envejecida. De hecho, con una voz de registro similar a la de John Martyn y el piano eléctrico en primer plano (lo que hacía Martyn los últimos años), me produce efluvios de nostalgia de mi juventud, entre la parte suave de Mark & Almond, Michael Franks, el Boz Scaggs de seda y sobre todo Steely Dan. Escúchese “Heed The Call” o el tema promocionado “Husbands”. Así es como Richard Hawley entendería el término vintage dentro de veinte años. Cada día me gusta más. En serio.

 

Hollow Meadows” (Richard Hawley). Se había ganado a pulso la etiqueta de mejor crooner de la pasada década, hasta que -tal vez porque se aburría- empezó a variar sutilmente un estilo tan cuadriculado. Canciones alargadas, sonido expansivo, algún final noisy, y cierta pérdida de respeto por el rigor ambiental que composiciones así requieren. En definitiva procuró evolucionar, sin éxito además de menguar su nómina de incondicionales. Así que dio dos pasos atrás, demostrando que puede volver a ser el maestro cuando se lo proponga. Basta escuchar la trilogía -las tres juntitas- formada por “Long Time Down”, “Nothing Like A Friend” y “Sometimes I Feel”. ¿Existe algo más sencillo, romanticote y eficaz?

 

Rituals” (Other Lives). Si no es por el lastre del continuismo -no apunta novedades respecto a su sonido de 2011-, uno de los mejores discos del año. Excelentemente orquestado e interpretado, se asienta sobre los pilares sólidos que invitarán a seguir escuchándolo con el paso del tiempo. Recordemos los vectores: grandeza melódica (“Pattern”), tristeza Midlake (“Untitled”, “For The Last”), gotitas cada vez más escasas de Morricone (“Easy Way Out”), capacidad para poner los pelos de punta (“New Fog”) y cachitos de coincidencia con Radiohead (“No Trouble”) debido al trabajo de Joey Waronker con Atoms For Peace; menos de la que les achacan para ningunearles. Lujo.


 

II” (Horsebeach). Lo que se dijo aquí sigue vigente. “Intro” es Real Estate a más bajas revoluciones con sonido opaco. “It´s Alright” incrementa el brillo pero la languidez prevalece. Y “Dana” sería el ejemplo de la bala del dream pop en la recámara. Cierto, no es nada nuevo, ni siquiera para ellos, y sin embargo si lo escuchas no dudas en hacerte con él.

 

Cranekiss” (Tamaryn). Poco a poco van dejando los tics 4AD –“I Won´t Be Found”– para despejar neblinas. Si habían transitado hacia un shoegaze edulcorado, ahora –“Last”– el nuevo pasito pone rumbo al dream pop. Con acabados mejorados que implican la aceptación de la parte accesible del synth pop, van de la oscuridad a la luz montados en un corcel rítmico no exento de similitudes con el periodo de transición de Young Galaxy. Incluso, como en “Softcore”, con el beat en primer plano.