The Snakes” (Matthew Herbert). Ha vuelto Matthew a la pista de baile. Sin volcarse completamente: la segunda mitad se torna más contemplativa (a veces relajada como “Even”, otras rozando lo soporífero tal que en “Silence”). Pero aquí hay mucha madera para volcar sobre el parqué. Tanto si recurre al minimalismo personal (“Safety”) como si se atreve a cabalgar (“Strong”), a retroalimentarse (estoy seguro que Todd Terje se ha inspirado en él, aunque en “Smart” se palpe lo contrario), o a buscar lo cálido frondoso (exuberante “Stop”). También impacta reescucharlo estos días porque absolutamente todo lo que escuchamos lo relacionamos con Bowie (la voz en “Bed”). ¡Y qué me dicen del final a lo grande en “Peak”! Tórrido, frío, siempre ingenioso. Este disco me gusta mucho.

 

Heartland” (Dylan Stark). Los primeros minutos del álbum engañan. “Ashen”, un instrumental entrecortado, progresa rumbo al ritmo. Ya en “Shelter” se detecta un amasijo de samples que va abigarrando el sonido. No, no se trata de una variación de The Field desde Portland. A partir de “Heart Land”, con sus percusiones de latón antillanas carnavalescas, se desflora la verdadera ambición del proyecto en “Parade”. Stark pilla de todo y de todos los continentes, con la misma incontinencia que The Avalanches y The Go! Team. Los sonidos del mundo casi bailando.


 

Fantastic Planet” (Noveller). En un disco reseñado aquí hace muchos años de Parts & Labor participaba Sarah Lipstate. Su guitarra experimental ha contribuido en proyectos de otros nombres como Cold Cave y Ben Frost. Esta mujer sin embargo tiene su propio perfil privado en Noveller, donde se vuelca con total libertad. Es básicamente un álbum de guitarras, como también lo son los de Sunn O))) o Godspeed You! Black Emperor. Solo que con cierto punto de delicadeza femenino tendente a investigar los ecos de los drones y el ambient sin agobiar. “Into The Dunes” es post rock más electrónica, a la que se suma piano (“No Unholy Mountain”). En “In February” y “Sisters” juega con guitarras distintas sobre planos superpuestos bajo la vigilancia de teclados. Y “Pulse Point” es una sinfonía de acero y aluminio. Tan dura como maleable. Tan color plomo como gris plateado. Un álbum que gana visibilidad tras su fichaje por Fire.

 

Pearson Sound” (Pearson Sound). La electrónica vista desde el prisma de la percusión: es lo que intenta plasmar Dave Kennedy. Percusión de lata sintética (“Glass Eye”), busca más las pulsaciones que lo tribal sin renunciar al hipnotismo (“Gristle”). Al no invocar tendencias del momento, puede ser ligeramente aburrido para los iniciados. En cambio, para quienes estén acostumbrados a pruebas médicas, es como el sonido de una resonancia magnética piadosa en un ambulatorio submarino.