Ten Love Songs” (Susanne_Sundfør). Noruega muy popular en su país. Sexto álbum. Synth pop de espectro comercial camuflado entre la masa de teclados. Junto a himnos disco y llenapistas escandinavos (el final medieval de “Kamikaze” descoloca), expone cantos de sirena de plasticidad ejemplar (“Silencer”). Y no tiene reparo alguno en soltar diez minutos de pop de cámara en “Memorial”. Una reina/diva del norte, venga de la reclusión del monasterio o del nuevo club de moda de la capital.

 

Hinterland” (Lonelady). Inmersa en los rincones oscuros de la pista de baile, envuelta en un sofoco deep, llega a su éxtasis privado sin hacerse notar, apelando a sus obsesiones en plena comunión con el ritmo. Ahí está el funk de Prince en “Hinterland” o el trance envenenado de “(I Can See) Landscapes” para delimitar los parámetros del disco. Mucho mejor ahora que en su debut, hasta conseguir que nos preguntemos cosas. ¿Es Julie Campbell la James Murphy sensible de Manchester?


 

Welcome Back To Milk” (Du Blonde). A nivel personal, el gancho de este álbum se ceñía a la colaboración de Sam Herring de Future Islands en “Mind Is On My Mind”. Que ahora Beth Jeans Houghton, disfrazada de Du Blonde, se desligase definitivamente de su pasado folk e incluso de los tics adquiridos de Red Hot Chilli Peppers con su novio, no me atraía sobremanera, ni siquiera sabiéndola producida por Jim Sclavunos de Bad Seeds. No obstante, sin jurar amor eterno a un sonido femenino más musculoso cuya sangre no llega al río, unas cuantas canciones -no las que abusan de la palabra fucking, sino más bien las baladas- me han enganchado: “Four In The Morning”, “Isn´t It Wild”, una “Hunter” que no responde a la portada, o (bueno, vale) ese estribillo agazapado en “Your Entertainment”.

 

Red Kite” (Sarah Cracknell). No nos dejemos llevar por el estigma que azota a los músicos veteranos. ¿Ya no tienen nada jugoso que aportar? Algunos sí, aunque no implique novedad ni renovación. Este álbum llega a mis oídos como si me lo estuviese susurrando Dionne Warwick en el siglo XXI. De hecho “On The Swings” y “Underneath The Stars” son reflejos de ella, y “In The Dark” igual pero atacando un tema tipo Jim Webb. A partir de allí podríamos hablar de otras canciones, como una “Nothing Left To Talk About” con bases de club, guitarras (acústicas, country, incluso con un solo corto a lo George Harrison: colabora Nicky Wire de Manic Street Preachers), la belleza pastoral de “It´s Never Too Late”, o el tramo de melodía instrumental clave del álbum en la imposiblemente gloriosa “Hearts Are For Breaking”. Disco de néctar estival. Gracias, Sarah.