Sore” (Dilly Dally). El fuego que desprende la garganta de Katie Monks, mientras el resto de la banda saquea los altavoces con su rock nervioso, me abrasa más que el último de Sleater-Kinney. Velocidad con motor marca Black Francis, paradigma de la urgencia. Y el título del álbum, muy elocuente. Sea a través de un maullido saciado (“Burned By The Cold”) o de la épica subliminal que toca cielo (“Next Gold”). Por cierto, ¿antes de decidirse por esta portada no habían visto la de Silk Rhodes?

 

Viet Cong” (Viet Cong). Tras la muerte de David Bowie se prodigan sonidos con su olor antes no percibidos. Por ejemplo “Pointless Experience” contiene muchos elementos de su etapa “Heroes”/“Lodger” en un tramo, pese a que se impone en el tema la doctrina industrial de Cabaret Voltaire y Gang Of Four. Sin embargo esta escisión de los canadienses Women abarca más territorios entre el cemento urbano, el funk y el punk. Su peculiaridad: montar piezas largas sin entretenerse con un esquema más de un par de minutos. Por ejemplo “March Of Progress” se presenta inicialmente como instrumental polifacético de pronto mutado por estos prestidigitadores del ruido a modo de canción vocal, para después sumergirse en lo más profundo del ritmo. Y la final “Death” brota con arpegios nítidos sobre percusión inquieta(nte) derivada a trance apocalíptico (resuelta de nuevo con base de pedaleo rítmico incansable). Extraños y magnéticos.

 

 

1000 Days” (Wand). Sigue valiendo lo que se dijo sobre “Ganglion Reef”. Psicodelia escorada al prog sin hacerle ascos al pop. Hay intros acústicas deslizándose a un folk mutando a psycho (“Paintings Are Dead”), tribalismo de marca propio (Can buscaban lo mismo que “Dovetail”), andanadas de teclados amansadas por vocalización pop (“Stolen Footsteps”), así como riffs contagiosos (“Dungeon Dropper”). ¿Predecimos que en el camino irán deshaciéndose de lo superfluo hasta dar con la célula madre en un álbum futuro? Venga, que por predecir…

 

Shackles´ Gift” (Zun Zun Egui). En su álbum previo ya debutaron mostrando sus credenciales musicales con el aval de los distintos orígenes contribuyentes –Isla Mauricio, Japón, Bristol– a la hora de perpetrar su ataque a los sentidos. El disco nuevo tiene el aliciente de la producción de Andrew Hung de Fuck Buttons, quien consigue encauzar la extraordinaria vitalidad que desprenden algunas de sus excursiones. Mucho ritmo en todos los ámbitos, tanto en la estructura como cuando toca huir de ella. Por mucho que amedrenten -el metal carnavalesco de “African Tree”-, siempre subyace una tranquilizadora alegría africana, sutil o descarada, para alejar los malos espíritus. (Reseña de Rockdelux resumida).