En determinados momentos, la música instrumental puede ser mucho más sobrecogedora que cualquier estribillo celestial cantado. Y se refleja en el espejo del alma por encima de las características de su textura, cuando algo, desde las profundidades del sonido, dispara a matar. Se puede encontrar en algún pasaje de “DJ Kicks” de James Holden, en muchos de The Field, en “The Rest Is Noise” de Jamie xx, en “Diamond Mine” de Jon Hopkins y King Creosote, y en todo “The Blue Hour” (Neue Meister 2016) de Federico Albanese.

Se trata solo de piano clásico, repetitivo con ligeros pespuntes electrónicos, de minimalismo in crescendo que deviene pura ensoñación, reivindicando la parte contemplativa que conlleva la experiencia germana del músico italiano. El pulso de Albanese puede ser el del invierno centroeuropeo, pero desprende luminosidad mediterránea.

Música de fragilidad sobrada para transitar de puntillas por amaneceres y atardeceres, (de ahí el nombre “The Blue Hour”: cuando un instante puede ser tan triste como azul) atrincherado tras las cortinas de melancolía de un día lluvioso, que me pone de un humor especial. Me acompaña cuando nada ni nadie me puede acompañar ni reconfortar ni consolar. Cuando la sensibilidad puede con todo. La Gran Belleza.