La banda madrileña Perapertú retoman lo andado ya en su primer ep del año pasado, y acaban de editar un espléndido “#2”(Discos Walden, 2016). ¿Qué pueden encontrar en este nuevo 7’’?, pues cuatro briosas perlas que guiñan un ojo al “Friday I’m In Love” en la inagural “Palmas Bajas”; le siguen sinuosos trenzados de guitarra que se mezclan con psicodelia jangle en “Tan Gratuito”; en “Iboga” lucen las texturas tornasoladas de los primerizos Ciudad Jardín, y acaban pespunteando pop de muchos quilates en “Cézanne” con versos de acerada e hipnótica belleza que, no me digan porqué, me recuerda al “Blue Jean” de Bowie.

Aquí se reparten la faena, y cada uno elige su disco especial.


Yago: The Beatles – The Beatles 1962 – 1966 (Apple, 1973)


No sé cuántos años debía tener. ¿Ocho? ¿Diez, quizás? Sí, debían ser diez, porque TVE ya había dejado de emitir Disco Visto y reemplazado Tocata por aquel A Tope con Eva Mosquera. Mi educación sónica consistía, pues, casi íntegramente en playbacks de nuevos románticos con el arroz ya algo pasado, amén de los inevitables 40 Principales (que sonaban más bien poco en casa) y de los discos viejos de 45 que mi madre guardaba en un álbum de los 60, con las cubiertas de plástico imitando tela escocesa.

Así estaban las cosas cuando, por azares del destino, un amigo de la familia se dejó una cinta olvidada en casa tras una visita. Por suerte, la carátula estaba rotulada, y yo sabía lo que había dentro: la mitad (aprox.) del “Disco Azul”, ese doble álbum recopilatorio que tanto daño ha hecho. Para reducir la duración del vinilo a 60 minutos, el propietario de la cassette había hecho su propia selección de los temas. Y que me perdone, si es que puede, pero ahora sé que ésta estaba hecha con el orto: allí faltaban todos los temas del “A Hard Day’s Night”, y una buena parte de los del “Revolver” y el “Rubber Soul”, mientras que la mil veces maldita “Yesterday” se encontraba en su lugar correspondiente. Aun así, bastó con el comienzo de “Ticket To Ride” para verme atrapado en algo que no se parecía a nada de lo que había conocido hasta entonces. Esa forma de medir los ritmos y de hilvanar acordes está imbricada en la arquitectura de mi cabeza, y es a medias un andamiaje sin el cual todo se caería a pedazos y una cárcel demasiado cómoda, habitada durante demasiados años, como para despertar deseos de fuga.


Juanma: Los Coyotes – Las calientes noches del barrio (3 Cipreses, 1987)


En plena adolescencia cayó en mis manos un disco de Los Coyotes, eran “Las calientes noches del barrio”, la verdad que en el barrio escuchando a Judas Priest, DokkenTwister SisterMotley CrueÑuÁngeles del Infierno, encajar encajar no encajaban mucho, era como un delicatessen sólo disfrutable para elegidos, en este caso únicamente por mí. Bueno por mí  y mi primo, que era el que me pasaba los vinilos a cassette (vinilos que comprábamos en la zona de saldo del desaparecido Discoplay en Getafe),  porque en casa no había tocadiscos.

Aparte de la atracción que me produjo la portada (Victor Abundancia en plan Prince con fondo de extrarradio) y el título, esperaba poder encontrar otro “300 kilos” con su hermanamiento de pueblos latinos o un ¨Líos en el cine” con ese rockabilly primitivo … error. Su contenido era como de otra galaxia, era excesivo, eléctrico y electrónico, sensual y sexual, era hortera y macarra, era sofisticado y a veces críptico. Era imperfecto… Era genial.  Tras la primera escucha no sabíamos si nos había gustado o no, pero a medida que escuchaba el disco la adicción iba en aumento, y pasó a ser el álbum que me anunciaba la llegada de la estación estival y ponía banda sonora a mi caos hormonal adolescente, tanto en las tórridas “Calientes noches del barrio” en pleno julio o en la entrada de la “Estación del amor” en el verano Albaceteño. Eso sí, nunca terminé de sentirme “Muy macho, muy lanzado y muy caliente”… pero me fascinaba.


Marcos: REM – Out of time (Warner, 1991)


Principios de septiembre del año 91. La mejor compañía de un adolescente de 14 años era su walkman, un boli Bic y sus amigos. Faltaban pocos días para comenzar el instituto, pasar a primero de B.U.P (aunque ahora a algunos les suene a chino), tiempo para intentar calmar los miedos, nervios, pensar en el como será y a quién me encontraré, tiempo para agotar los últimos minutos y segundos haciendo lo que se te antojara.

Por aquella época, lo normal era estar en la calle, con los amigos, pensando y haciendo cualquier tipo de cosas que no se podrían considerar ilegales, pero tampoco demasiado legales. Creo que en algún momento de esos, haciendo el cabra, fue cuando de alguna manera me caí al suelo y me rompí la muñeca… dolor, sudores… por lo menos es la izquierda y podré escribir.

Aunque me encontraba lejos de casa, llegué justo a tiempo a la hora de la comida, con la muñeca del revés y con un dolor insoportable. Mi madre me vio, valoró la situación y decidió que antes de llevarme al hospital debía comer, que para algo había estado toda la mañana cocinando. Más tarde, me llevó a Puerta de Hierro (Madrid) y ahí me hicieron las respectivas radiografías y me escayolaron; durante ese tiempo mi madre se volvió a casa porque tenía que trabajar, así que me tocó esperar a que mi padre me recogiera después del trabajo, no fue mucho tiempo pero con el susto encima, un segundo dura una eternidad.

Mi padre llegó con cara de preocupación, vio que estaba de una pieza y me subió al coche. Normalmente no era partidario de regalos compensatorios, si sacabas buenas notas era tu deber, si pasaba algo malo, pues de los errores se aprende. Pero ese día y en un acto de generosidad decidió llevarme a la única tienda de discos que había en mi pueblo y regalarme mi primer CD. Yo estaba emocionado, pero tenía muy claro lo que quería llevarme a casa.

La banda de Michael Stipe (REM), llevaba sonando todo el verano en la radio con su séptimo álbum “Out of Time”, quizá no sea el mejor disco del grupo pero supuso un punto de inflexión en su carrera. Varias canciones me atraparon durante ese verano y por eso decidí que iba a ser el regalo que iba a elegir (cazar las canciones de la radio para grabarlas siempre era muy complicado y merecía la pena oírlo en condiciones). El primer CD que me agencié, el primero de mi propiedad que sonó en la cadena de música y el primer CD de una gran colección de música que ahora ocupa mi estantería.


Ahmed: Golpes Bajos – Todas sus grabaciones 1983-1985 (Nuevos Medios, 1990)

Tampoco es que este sea un disco con el que a día de hoy vaya a descubrir nada a nadie, ni del que sea necesario extenderse en describir esas canciones o sus ilustres componentes. Pero si se trata de hablar de un disco que me impactó como pocos (o casi ninguno), sin duda, éste es por necesidad el elegido. Me crucé con este recopilatorio pintón en la difunta Madrid Rock, y me lo llevé junto con el afamado y carísimo “David Bowie Black Book”. Con esos dos artículos salí realmente escandalizado del pastizal que acababa de dejarme, pero con la sensación, ante todo, de que acaba de hacer lo correcto, no: lo siguiente.

Por aquel entonces Golpes Bajos no eran del todo nuevos para mí y, claro, su compra no había sido fruto de la pura casualidad. Fue en esa época cuando tuve la suerte de conocer, por una feliz coincidencia social, a Mario Pacheco y a su sello, Nuevos Medios. Y de ahí obtuve mis primeras nociones sobre quién era Ceesepe. Su nombre me intrigaba desde que me había quedado en su día con la frase “Alma de Ceesepe, late muy dentro de ti” de la canción “Madrid”, cantada por el hoy inefable Loquillo y escrita por su amiguete Sabino Méndez. Y la verdad es que todo aquello me encajaba a la perfección. Y me encantaba. A excepción de la perra que tenían en esa época Nuevos Medios con el nuevo flamenco… Vaya movida más rara.

De esta manera, en aquellos tiempos remotos, empecé a vivir un auténtico nudo borromeo musical. Alejado ya de las filias de mis amigos del colegio que escuchaban a Tool yPantera como continuación lógica de nuestros años de Sex PistolsExtremoduroDistorsión, yo me debatía entre tres frentes; uno compuesto por los Enemigos, los Ilegales, la Velvet UndergroundTom Waits, otro compuesto de un intenso cosmos formado por Surfin Bichos, un tal Señor Chinarro y los Planetas (que al principio me resultaban odiosos, pero que con el tiempo fui aceptando), y en un tercer círculo, formado por los rayos lumínicos de bandas como Radio FuturaGolpes Bajos, que me conectaban con mi admirado Bowie… y esa “salida de pata” lúcida, potente, cargada de estilo, lírica y afilada me interesaba muchísimo. Qué coño, me tiraba más que nada. Eso sí, pasaron todavía unos cuantos años más hasta que conseguí librarme del todo de la distorsión en mi ampli de guitarra…