¿Cómo se puede abordar la crítica sobre un proyecto del que apenas se tienen datos?. De varias maneras. La más recurrente es echándole imaginación mientras te das un paseo por los cerros de Úbeda; la infalible sin embargo es, valiéndose de la expresión futbolística, “llevando el balón siempre pegado al pie”: el de las influencias o pistas, ya sean las que proporciona el artista –gracias a Dios es el caso- o las que uno pueda sacar echando mano de bagaje empírico.

Physical Media es un cuarteto de Brooklyn adscrito a la más austera independencia –poseen dos grabaciones oficiales de las que no se conocen sus correspondientes traslaciones al formato físico- y del que, gracias a su cuenta de Facebook, sabemos que llevan bregándose un tiempo por garitos de la zona de la que son naturales. Por la misma vía conocemos algunos de sus gustos y/o aspiraciones: Prefab Sprout, Aztec Camera, Style Council, el sello 4AD –Cocteau Twins a la cabeza- o el italo disco más oscuro –aquí cabe más de una hipótesis…-.

Ahora llegan nuestras conclusiones, centrándonos en su más reciente –y conseguido- trabajo: el álbum digital “Towers in the park” (2016). El disco se abre con “4 3 2” que mezcla a unos Ladybug Transistor sintetizados con el rasgueo pseudo-funky de Dislocation Dance. “The Ethicist” nos retrotrae al primer disco de Max Eider en solitario o a los Jazz Butcher de los que este último formó parte a la altura de “Distressed Gentlefolk”, gracias a esos acordes pop que no le hacían ascos a sobrevenidas tonalidades jazz. La cuota neozelandesa –vía Sneaky Feelings– está presente en aquélla y en ”La Remontada”. “In Chambers” tiene el remilgo de unos The Lotus Eaters y “Steinway” el de los primeros Microdisney, pero en este último caso sin la acritud vocal. “Sentient Brands”, auto-tune mediante y a base de embestidas estratégicas, da desde ya con uno de los estribillos más excitantes y pegadizos del año.

Conviene avisar de que se trata de un trabajo casero al que una mejor producción hubiera terminado de ayudar a optimizar del todo el talento que hay ahí envuelto, que es mucho; talento expuesto aquí en base a una sabia utilización de buenos recursos del indie canónico –con variabilidad y sin caer en el tópico, aunque a veces sea inevitable bordearlo- y a un buen ramillete de melodías-gancho a la manera de la mejor escuela del género. Para languidecer y desinhibirse a un tiempo.