Me solivianta una costumbre médica habitual. Cuando visitas a un doctor nuevo, mientras rellena la ficha, te pregunta si fumas. Le dices que lo has dejado hace diez años pero él pone una cruz en la casilla de fumador. Supongo que el protocolo estipula considerar fumadora a toda persona que ha fumado más de la mitad de su vida. O algo así: la frontera clínica difusa que separa al fumador del ex-fumador. Yo solo sé que, cada vez que sucede, me pregunto por qué lo he dejado.

Llevado el ejemplo al caso que nos ocupa, también se puede aplicar al dicho el que tuvo retuvo. Steve Mason era protagonista en The Beta Band y, aunque ahora vista de cantautor (no es la definición más acertada), subyace en la trastienda de muchas composiciones de “Meet The Humans” (Domino 2016) ese hipnotismo narcótico, un groove agazapado tras el piano insidioso que arrastra, desde “Water Bored” hasta “Words In My Head” -pasando por “Alive”, “Planet Sizes”, etc- a un estado de pulsaciones flotantes. No olvidemos además su colaboración con Dennis Bovell.

Le ha costado su tiempo llegar a esta fase; salir de la depresión de las deudas creadas por el final de la banda que le recluyeron en el entorno rural escocés para mudarse a Brighton y dejarse producir por la magna perspectiva de Craig Potter (Elbow) con un disco menos político que el anterior. No sé por qué -tal vez al asociar inconscientemente su apellido con el de Dave Mason– pero me recuerda a un Steve Winwood sin la vertiente virtuosa. Porque de algún modo recurre al pasado -los arreglos tipo Eno con U2 en “Hardly Go Through”, la pregunta en “Through My Window” que ya se hicieron Pink Floyd en “The Wall”, o su devoción por la escala primigenia del rock & roll en los acordes de “To A Door”-, con todos los matices que se quiera, para fotografiar el presente y esculpir el futuro.