El primer disco de Anna Meredith se titula “Varmints” (Moshi Moshi, 2016) y es una experiencia de lo más extraña. Digo extraña pero no sé si es el adjetivo adecuado, y debería decir que es un experimento tan aparatoso como adictivo. Bien, cataloguen como deseen el torrente de música que brota de la mente de esta mujer, pero lo que tengo claro es que esta compositora, cuyo trabajo se reparte  entre la BBC Scottish Symphony Orchestra -en donde es músico residente-, campañas promocionales para Prada, colaboraciones con gente como These New Puritans, encargos de video arte, y un largo etcétera, irrumpe en el mundo del pop para no pasar inadvertida. Pasen sin miedo, aunque los sonidos que ejecuta esta inglesa infunden respeto.

Abrir un disco con un corte como “Nautilus” es un viaje sin retorno, o un salto mortal con pitueta incluida: sonidos de fanfarria grandilocuente -muy wagneriana- en donde se repite un loop de trompeta enredándose y confundiéndose con una sección de vientos imprimiendo un opresivo mantra komische. Piensen en unos Neu! encerrados en un conservatorio, y que les tocara ensañar a las órdenes de Florian Schneider. Un arranque tremendo. Como subirse en el Dragón Khan con algún Lexatin de más. Después le toca el turno a “Taken” – también construida a partir de un crescendo que transita por ese pop arty marca de la casa de Dirty Projectors, y todo se humaniza un poco con esos coros pletóricos que -¿algo me pasa?- me hacen recordar a B-52’s . Más electrónica paisajística, que une lazos de parentesco con Björk, la tenemos en tomas preciosas como“Scrimshaw”, mientras que en “Something Helpful” la Meredith recrea la ambrosía de Saint Etienne y es pura pirotecnia.

En este disco todo está calibrado a la perfección: las bases rítmicas están sutilmente enlazadas con la sección de cuerda y de vientos, y se consigue una voluptuosa, febril, y expresionista manera de tender puentes entre la música clásica y lo popular, e incluso pergeñar esotéricos arabescos de música concreta -“Honeyed Words”– reivindicando figuras como la recientemente fallecida Else Marie Pade, o al gran Gavin Bryars en “Blackfriars” con la que pone punto y final a este trabajo estupendo.